La Fundación para el Desarrollo Eléctrico (Fundelec) dio a conocer un informe que asegura que sobre los $6.500 millones que pagaron los clientes de las compañías eléctricas el año pasado por sus servicios de electricidad, $2.000 millones corresponden a impuestos, 35% del total.
En el caso de la provincia de Santa Fe, la mayor en exportaciones agrícolas, la carga fiscal es del 30%.
En el valor final de la tarifa eléctrica existen distorsiones que incluyen el alumbrado público, el servicio de aguas y cloacas, la adhesión a bomberos, fondo de obras, servicios sociales, tasa asistencial y acción social, cooperadora bomberos, cooperadora hospitales, biblioteca pública, federación de escuelas, etcétera.
"Si esos impuestos no existieran, el importe de la factura eléctrica que hoy abonan los usuarios, sería -en promedio- 35% más baja", aseguró Fundelec.
"En la mayoría de los casos, la carga impositiva es tan alta que distorsiona el valor real de la energía que, en algunos casos, llega a costar casi la mitad de lo abonado", dice.
La Dirección de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, difundió un informe que precisa que la presión fiscal, con retenciones a las exportaciones y otros impuestos, representa el 56,4% del precio FOB de la soja, el 38,1% del maíz, el 39,7% del trigo y el 45,9% del valor que tiene el girasol.
Las retenciones, que se ubican en el 23,5% para los cultivos de soja y girasol y en el 20% para el maíz y el trigo, se aplican sobre los precios FOB de los productos.
"Si se tiene en cuenta que la presión tributaria actual para la economía argentina es el equivalente al 27% del PBI, el gravamen total al sector granario es inusitadamente alto", subraya el estudio realizado por la Bolsa de Cereales.
El trabajo destaca que las retenciones a las exportaciones son el principal componente de la carga fiscal sobre los productos agrícolas, mientras que el impuesto inmobiliario y Ganancias ocupan, respectivamente, el 2do. y el 3er. lugar.
En efecto, en soja y girasol los derechos a la exportación hoy representan, respectivamente, el 63 y el 70% de la estructura impositiva. En tanto, en trigo y maíz están en 65 y el 69 por ciento.
Respecto del inmobiliario, su incidencia dentro de la estructura impositiva supera el 20% en el caso de los cultivos de trigo, maíz y soja.
En el 1er. producto ese porcentaje hoy ha logrado alcanzar un máximo del 25%.
En cuanto a Ganancias, el trabajo indica que su participación es del 9% en soja y girasol. En tanto, en maíz y trigo, la pérdida de rentabilidad hizo que en estos productos prácticamente no quedara nada para gravar con este impuesto, según señala el estudio de la entidad.
Según el trabajo, en el caso del maíz y el trigo el resultado neto hoy sería negativo, después de descontar ganancias: -US$22,2 y -US$50 por hectárea, respectivamente. En soja quedarían US$ 34,6 por h.a y en girasol, US$22,1 por hectárea.
"Los resultados netos después de ganancias, como porcentajes del valor de la tierra, son inferiores a los esperados por el inversor y no alcanzan a cubrir el costo de amortización normal para el recurso", explica el informe de la institución.