Si bien los chinos no invertirán de golpe aquellos 20.000 millones de dólares de los que se hablaba, a través de los años sí podrían hacerlo porque, con tal que su economía siga desarrollándose con rapidez, aumentarán enormemente sus importaciones de los alimentos y materias primas que poseemos en abundancia.
Por lo tanto, es perfectamente factible que en el futuro la relación bilateral se asemeje hasta cierto punto a la de China con Australia, otro país escasamente poblado que se ha visto privilegiado por la geografía; si bien los australianos, dueños de una economía avanzada y estrechamente aliados con Estados Unidos, siempre tendrán menos motivos para temer por su independencia.
Como muchos ya han subrayado, para que la Argentina sea capaz de aprovechar las oportunidades que le serán brindadas por la irrupción en el escenario mundial de una nueva potencia económica sin hacerse dependiente de sus caprichos y sus intereses, le será necesario diversificar tanto sus relaciones comerciales como sus exportaciones.
Si el país apuesta demasiado a los proyectos "estratégicos" de China, o a un solo producto como la soja, no podrá sino verse obligado a elegir entre resignarse a la subordinación por un lado y, por el otro, pagar un precio altísimo por negarse a complacer a un socio mucho más poderoso.
Sin embargo, parecería que al gobierno de Kirchner, obsesionado como está por anotarse lo que tomaría por un triunfo sobre los acreedores, no le interesa este hecho que debería serle evidente, razón por la cual ha demorado tanto la salida del default y se ha resistido a impulsar reformas destinadas a atraer a los inversores privados en potencia.
En este sentido, fue muy oportuna la advertencia formulada por el embajador de Corea del Sur de que si bien el Eximbank de su país está por abrir una línea de crédito de 30 millones de dólares -se trata de una suma modesta pero es significante por representar el primer crédito que nos ha sido otorgado por una institución de este tipo desde hace casi tres años-, los empresarios coreanos continuarán actuando con gran cautela porque, al fin y al cabo, la Argentina sigue en default.
Asimismo, los chinos, si bien entienden que tarde o temprano la Argentina recuperará la "normalidad" de suerte que les convendría firmar algunos acuerdos mientras nuestro poder negociador sea mínimo, también se mostrarán cautelosos hasta tener más motivos para confiar en que sus socios "estratégicos" hayan adquirido la costumbre sana de respetar sus compromisos.