Y "siempre contemplamos con agrado que haya presidentes en sintonía con el Gobierno, sobre todo si se trata de sectores regulados", comentaba la semana pasada un ejecutivo de una de estas grandes gestoras, con despacho en Madrid.
Y tanto Telefónica, como Endesa o Repsol, pertenecen a sectores controlados, cuyas tarifas pasan por el filtro del Ejecutivo. El tamaño de las tres entidades ronda el 10% del PBI.
De momento, en Red Eléctrica Española (REE), ya ha caído Pedro Mielgo, siendo sustituido por Luis Atienza, ex ministro socialista.
Mielgo se ha ido con los bolsillos llenos y ahora, al frente del operador eléctrico, hay una persona de la confianza de ZP.
Otro de los casos que se comenta en el mercado es el del BBVA. No obstante, el mismo experto consultado afirma que el relevo del banco podría ser el más complicado, ya que el sector financiero es el menos regulado de todos y "al Gobierno se le podría ver el plumero, y eso no es bueno".
En otra de las principales gestoras internacionales con sede en España comentan que "nunca un fondo de relevancia en una empresa ha hecho causa común con su presidente". Al contrario, "alguna vez han servido para destituir ejecutivos".
Famoso es el caso de Calpers, el fondo de pensiones de los funcionarios en USA, que se ha convertido en el azote de los presidentes en las juntas de accionistas.
El año pasado, Fidelity, Hermes, Legal & General y Standard Life lograron la caída del presidente de la cadena de televisión Carlton. Otras empresas como Easy Jet o GlaxoSmithkline han sufrido cambios por la presión de los fondos.
En Reino Unido y USA es práctica común que los fondos pidan cuentas a las compañías sobre remuneración de los ejecutivos y supervisen de manera milimétrica su gestión.
A finales de los 90, causó sorpresa la reclamación de la gestora Franklin Templeton a Telefónica en Chile, a la que exigió una compensación económica después de una operación de venta de filiales.
La gestora consideró que se habían lesionado sus derechos como accionista y pidió cuentas. En España, esto causó estupor: "¿Cómo era posible que un fondo que es inversor de referencia pida dinero contante y sonante al presidente de su compañía, tras una mala operación?", se preguntaban por los foros financieros.
Así, no es extraña tampoco la anécdota que cuenta una de las fuentes consultadas. Según ésta, cuando el PP llegó al Gobierno, uno de los presidentes de las empresas susceptible de ser cambiado, mientras filtraba a la prensa que contaba con el apoyo de los grandes fondos de la compañía, realizaba una gira de contactos con éstos. El resultado fue desalentador: ninguna gestora estaba dispuesta a dar la cara por él, pese a las excelentes relaciones de años anteriores. Los fondos apoyarían al nuevo presidente... si llegaba.
Anteayer, La Caixa sorprendió al apostar en público por Alfonso Cortina (Repsol) y César Alierta (Telefónica). Algunos expertos comentaban que esta actuación podría ser similar a las de los presidentes de los clubes de fútbol que, antes de cesar al entrenador, lo ratifican. Hay que recordar que, en su día, Josep Vilarasau, presidente de la caja catalana, llamó a Juan Villalonga para decirle "vas a ser el nuevo presidente de Telefónica". ¿Le tocará hacer lo mismo a Fornesa en breve con nuevos candidatos?