Debe considerarse entonces que la oportunidad de debatir entre los diferentes actores que conforman el grueso de la actividad económica y la representación social, es clave y vital. Es un gesto más que importante.
Lo que no puede existir es dilaciones, demagogia o conflicto político. Nadie duda que el salario mínimo debe ser aumentado, y en ese aspecto no puede haber demoras. Pero deberían esforzarse quienes están sentados a la mesa de diálogo, en hacer propuestas que ayuden al Gobierno a mejorar la situación de los más castigados. Con hechos, y no meras palabras.