Esto le ha permitido hasta a Néstor Kirchner, hasta hace poco, conducir mediáticamente a su administración. Cada vez que aparece un problema para el que no está capacitado, el Presidente se trepa a una tarima y, desde allí, pronuncia un discurso grandilocuente destinado a confrontar con algún sector que no sea aquél en el cual se localiza el conflicto para el que no parece tener solución, al menos en lo inmediato.
Por distintas razones, las cosas van dejando ahora de resultan tan simples como al principio.
Por un lado, el recurso se está gastando. Pocos creen que sus diatribas contra el Fondo Monetario o algunos concesionarios de servicios públicos sean sinceras. Son muchos menos quienes dicen que la hostilidad llegue hasta las últimas consecuencias.
Ha quedado en evidencia, para la mayoría, esta mezcla de grandilocuente maniqueísmo destinado a ganar tiempo y sumar nuevos personajes al "espectáculo político" para que la discusión pase por otros ejes que no sean los que mayores dificultades presentan. Pero cualquiera sabe que la falta de resolución de las cuestiones de fondo, tarde o temprano, se hace sentir en cualquier administración.
Entonces, aunque no haya opositores a la vista con agallas suficientes como para sacar partido de la situación, siempre existe alguien que se las arregla para llegar hasta la opinión pública con su verdad. Suele ocurrir como en aquél cuento del Gran Duque que andaba desnudo por su reino y había llegado a hacer creer a todo el mundo que lucía ricas vestiduras.
Aníbal Fernández, ministro del Interior, cree conocer lo suficiente el Conurbano bonaerense (lo bueno y lo malo), como para ganar la pulseada contra el delito organizado. Si llegase a triunfar, supone, quedaría a un paso de su candidatura a la gobernador, su próximo objetivo.
La biografía política del personaje muestra una dilatada actuación en territorio bonaerense. Comenzó a frecuentar la dirigencia justicialista en l983, cuando Ángel Abasto (después de apostar infructuosamente a la candidatura de Herminio Iglesias) recibió el ‘premio consuelo’ de presidente del bloque de senadores provinciales del PJ. Y decidió recurrir para que le cuidara las espaldas a un joven decidido y ambicioso, recién recibido de contador público nacional, que refugiaba su rostro aniñado detrás de unos frondosos bigotes.
Ese joven había colaborado desde su Quilmes natal en la campaña electoral contra Antonio Cafiero. Se llamaba Aníbal Fernández, y fue designado en el cargo de secretario administrativo de la bancada.
Abasto lo siguió empujando y lo hizo intendente de Quilmes entre 1991 y 1995. Hay quienes juran que Fernández fue una pieza importante en la operación llevada adelante por quien todavía era su jefe político, Abasto, que culminó con la entrega a Aldo Rico –según denunciaron varios políticos- de un objeto cuyo contenido lo convenció de cambiar su posición original y apoyara la reforma constitucional bonaerense que le permitiera a Eduardo Duhalde aspirar a una reelección (episodio escandaloso que provocó la muerte del Modin, curiosamente siglas del Movimiento de Dignidad Nacional. Jejé).
Como intendente de Quilmes, Aníbal tuvo alguna dificultad judicial grave por la denuncia de una concejal del Frepaso, quien lo acusó de ciertas irregularidades en la operación de transferencia de los servicios sanitarios locales a Aguas Argentinas. Fue imputado, pero logró sortear el obstáculo y convertirse en ministro provincial y hombre de confianza en la gobernación de Duhalde.
Cuando su nuevo mentor político llegó a la Presidencia provisoria de la Nación, Aníbal fue secretario General de la Presidencia y luego relevó al promotor de la devaluación y pesificación asimétrica, José Ignacio de Mendiguren, en el Ministerio de la Producción.
Cuando Duhalde dejó la Presidencia a Kirchner, dejó a algunos voluntarios como José Pampuro, Ginés González García, Alberto Abad, Alberto Iribarne, Sergio Massa y Aníbal. Se afirma que el fervor ‘kirchnerista’ de Fernández logró enfriar, en similar proporción, su relación con el ex senador nacional a cargo, hasta lo estrictamente protocolar. Algunas lenguas viperinas afirman que Duhalde "no le atiende el teléfono cuando Aníbal pretende hablar de otros temas", lo que Aníbal siempre ha desmentido.
Muchos dicen que una eventual candidatura de Aníbal a la Gobernación no contaría con la bendición de Duhalde donde ya no hay dudas de que el contador, ahora también abogado, "sacó los pies del plato", o sea que quiere ser independiente.
Además, Fernández sabe que hace el ridículo. Nunca puede sentirse orgulloso de su rol junto a Néstor Kirchner: mantener ‘en caja’ a las provincias y oficiar de vocero presidencial alternativo. Cualquiera sabe que el éxito depende de la economía y de la seguridad pública. Es hora de demostrar si hay ingenio y autoridad, o todo era puro humo.
Lo peor que un hombre de Estado puede hacer cuando se le presentan abundantes problemas es tratar de escapar de ellos esgrimiendo excusas. Sus consecuencias lo perseguirán, con el agravante de que irán creciendo por el camino, hasta llegar a enormes.
Si bien ningún dirigente político profesional se paró con contundencia frente al Poder para exigirle soluciones, sí lo hicieron determinados ‘representantes naturales’, surgidos de entre la comunidad atormentada por su dolor; ellos buscaron, solidariamente, evitar que otras personas padezcan lo que debieron soportar ellos.
Así, apareció en escena el ingeniero Juan Carlos Blomberg, padre de Axel, un muchacho asesinado durante un secuestro quien, con toda la furia de la que son capaces los mansos cuando el dolor los impulsa a actuar, no vaciló en enjuiciar con severidad al Gobierno nacional en su rama ejecutiva y al Poder Judicial, en su operación concreta, sino al sistema perverso que posibilita que el delito siga creciendo.
Blumberg no hizo más que volcar ideas impregnadas de sentido común, marcando a fuego todos los errores y a los cómplices del tratamiento del delito, desde su prevención y la manera de combatirlo hasta la ineptitud casi insana del régimen carcelario.
A la vez, convocó a movilizaciones para exigir soluciones a quienes detentan el poder y así logró, casi milagrosamente, que cientos de miles de personas salieran a la calle, prácticamente en silencio, pero con una actitud tan decidida de repudio y de reclamo urgente que sus destinatarios no tuvieron opción.
A Blumberg se lo consideró, desde el kirchnerismo no peronista y desde el duhaldismo, como "un peligro" y se buscó "gastarlo", bloqueando, demorando, minimizando sus propuestas. Luego, tratando de encasillarlo -para quitarle representatividad- en lo social ("Sólo representa a la clase media") y en lo político ("Sólo representa a la derecha que busca la mano dura"). La habilidad de Blumberg fue no detenerse a discutir, crear una fundación y dedicar todo su tiempo a buscar soluciones en diferentes países a los que fue invitado a informarse cómo poner jaque a la delincuencia.
El Gobierno y los políticos, en general, durante ese período de tregua virtual no avanzaron en cumplir con su deber: los legisladores dejaron su trabajo por la mitad; los cambios en el Poder Judicial fueron imperceptibles; y las fuerzas de seguridad fueron a la deriva). La única reacción concreta fue permitir que una pequeña turba de marginales destrozara el frente de la Legislatura porteña, responsabilizando por eso al ministro de Justicia, Gustavo Beliz (¿?), y a un experto en estos temas que tiene una amplia experiencia por su dilatada carrera como fiscal, el entonces secretario de Seguridad, Norberto Quantin.
Para entonces, los secuestros llegaron a convertirse en el terror de cientos de familias, ubicadas especialmente en el Norte del Gran Buenos Aires y, en teoría, con un presunto apoyo pecuniario familiar importante.
Cuando el malestar social fue evidente, Kirchner, con un inefable voluntarismo, decidido a enfrentarse a capa y espada con la realidad, afirmó que "la Argentina es un país seguro".
Fue una médica de San Isidro, Susana Chaia de Garnil, quien no vaciló en arrodillarse públicamente ante los secuestradores para pedirle que pusieran fin a los 21 días de calvario por su hijo secuestrado, y cuando esto se produjo, luego del pago del rescate, no dudó en hacer pública una carta al Presidente, redactada en primera persona, responsabilizándolo por la situación. Blumberg había evitado esto. Garnil fue a fondo.
Cuatro párrafos provocaron conmoción entre los funcionarios:
• "Si estuviera en sus manos decidirlo, le pregunta a Kirchner en el primer tramo, ¿cuántos años de cárcel como mínimo daría a un secuestrador?. Le ruego que me conteste con un simple número. (...) Contésteme, por favor de ciudadano a ciudadana, no de político a ciudadana".
• "Durante su Presidencia ha demostrado que cuando algo le interesa o le preocupa, lo toma usted mismo en sus manos y lo lleva al resultado que usted desea. ¿Qué pasa en este caso?¿No le interesa?¿No puede?¿No quiere ocuparse personalmente de esto?"
• "Me dolió mucho escucharlo decir que "la Argentina es un país seguro"(...) mientras mi hijo estaba secuestrado. Creo que usted no puede decir esas palabras ni dentro ni fuera de contexto".
• "Señor presidente, ¿me ayudaría a señalar a los responsables de los secuestros y damnificados por la inseguridad de nuestro país o, de lo contrario, me diría donde podemos hacer un Museo de la Memoria por estas víctimas?".
No era fácil responderle adecuadamente a la señora de Garnil, como no fuera con la promesa de la adopción de compromisos firmes a la señora de Garnil. Lo mejor era el silencio, pero entonces irrumpió en escena Alberto Fernández, jefe de Gabinete de la Nación, quien había chocado poco antes con el Presidente y otros ministros, disgustados con la presunta pérdida de popularidad que provocaba la crítica de Alberto F. a las melodías que reivindican el delito, llamada ‘cumbia villera’:
Alberto F. Volvió a enojar al Presidente por el rechazo de la opinión pública a su frase sobre Garnil: "Ella es parte de una Argentina que descubre el dolor cuando le toca. (...) La alusión al Museo de la Memoria que hace la señora y otros comentarios que denotan su forma de pensar, no me parecen felices".
Los hechos suelen tener más entidad que las palabras. Comenzaron a llegar las encuestas (las "verdaderas", no las que paga Alberto F.) que indicaban que se había producido un descenso notable en la confianza de la gente hacia el Gobierno nacional. El incansable Blumberg se enfrentó a la designación de Maria del Carmen Falbo como procuradora bonaerense, y cedió al reclamo de amigos y conocidos que le exigían una nueva marcha, la 3ra. Al menos no fue a Plaza de Mayo, que es lo que más preocupa al Presidente, aunque hay invitaciones a ir sin Blumberg a la Casa Rosada.
Pero en la Secretaría de Inteligencia de Estado lo que hoy preocupa es más serio:
• Ya son 14 los casos de los centinelas militares asaltados durante su tarea de custodia, todos despojados de su arma reglamentaria (esto motivó que las autoridades militares revocaran la absurda disposición que obligaba a los guardianes a montar guardia con sus fusiles descargados).
• Hugo Moyano ha advertido al Gobierno nacional acerca de las limitaciones del diálogo a que fue convocado.
• Oscar Lescano envió a las falanges del Sindicato de Luz y Fuerza a realizar demostraciones "poco pacíficas" frente a la sede de Edenor, empresa a la que se quiere arrancar un convenio salarial favorable.
• Los veteranos de la Guerra de Malvinas, después de muchas semanas, se cansaron de acampar frente a la Casa Rosada y atravesaron las vallas de Balcarce 50, penetraron al edificio gubernamental exigiendo una audiencia con el Presidente, demostrando una increíble vulnerabilidad del sistema de seguridad del propio Kirchner. Un pelotón del Regimiento de Granaderos fue alistado para detenerlos pero nunca se les dio instrucción de que procedieran. Varios pacíficos intrusos llegaron a pasearse por el Salón Blanco.
Fue entonces cuando el Presidente convocó a la primera reunión colectiva de colaboradores en los 15 meses de gestión.
Una vez más se anunció que las tres fuerzas de Seguridad de la Nación actuarán en los tres primeros cordones del Gran Buenos Aires, en "operativos de saturación", con la apoyatura de inteligencia de la SIDE y bajo la dirección de un comando operacional único. No obstante, las informaciones sobre delitos no menguaron.
Si alguien ha creído descubrir que esto era el plan que nunca le dejaron aplicar al ex secretario Quantin, está en lo cierto.
Pero hay diferencias con la planificación original:
• los operativos debían resultar sorpresivos, y
• estaba prevista una Central Única de Inteligencia para acopiar información. No era cuestión de ir al azar.
En cuanto al mediano plazo, nada. Por ejemplo, la urbanización y vigilancia selectiva de las villas miseria y asentamientos provisorios, bases de operaciones de las distintas bandas.
Eso sí. Aprovechando la falta de vocación por el tema del nuevo ministro de Justicia, Horacio Rosatti, Seguridad regresó al Ministerio del Interior, y gran parte del capital politico que le queda a Néstor Kirchner se juega en algo tan rudimentario.
Fuentes allegadas a la ‘mesa chica’ dicen que inicialmente Kirchner quiso anunciar -como respuesta al desafío público de Garnil- que él, personalmente, trataría de resolver el problema. Luego recapacitó y comprendió que eso significaba jugar a cara o cruz el futuro de su gobierno.
Fernández sí se está jugando su futuro político en la "saturación" y el "comando conjunto" para detener a los bandidos.
Ademas, si en la 2da. convocatoria de Blomberg, frente a los Tribunales, ‘alguien convenció’ al versátil Raúl Castells (un experto en operaciones de inteligencia) de que adhiriera para restar participantes por el temor de muchos a un brote de violencia, se acaba de anunciar que los ‘piqueteros duros’ han "diseñado un nuevo plan de lucha": instalarán un "campamento" sobre Diagonal Norte, desde Esmeralda hasta la Plaza de Mayo.
Así, 17 organizaciones acordaron marchar desde las 14:00 del día 25 hacia el Ministerio de Desarrollo Social, en la Avenida 9 de Julio y Belgrano, donde entregarán un petitorio. Desde allí, las columnas se movilizarán hasta Diagonal Norte y Esmeralda e instalarán carpas en Plaza de Mayo hasta el jueves 26.
¿Serán ellos quienes impedirán que los manifestantes de la Plaza de los Dos Congresos se desplacen a Plaza de Mayo? En política, las casualidades casi nunca existen.
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Edición i, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004.