El segundo capítulo se escribió el jueves, en Chacabuco, aunque fue ésa una jugada elaborada y compleja, con mensajes a varias puntas.
En la superficie, el antifelipismo feroz que profesa el diputado provincial y jefe peronista de aquel pago, Julián Domínguez, y la ausencia de Solá en un acto que presidió Néstor Kirchner, marcaron una segunda vuelta de esa pelea, en la que el duhaldismo se encargó de mostrar a Domínguez rodeado de sus dirigentes más fuertes de toda la Provincia.
En efecto, en una movida absolutamente inusual, fue a Chacabuco una representación "calificada" de los dirigentes del Conurbano (los intendentes Hugo Curto, Alberto Descalzo, Gerardo Amieiro y Baldomero Álvarez; y el presidente de la Cámara de Diputados bonaerense, Osvaldo Mércuri). Fue, también, Díaz Bancalari. Y el Presidente aportó, integrándolos a su comitiva, a dos de sus ministros bonaerenses, Aníbal Fernández y José Pampuro.
Por lo demás, Kirchner sabía que el organizador del acto, Domínguez, es un antifelipista -quizás el único en los términos en que él lo es- que no descansa en su pelea con el Gobernador. Solá se lo había dicho una semana antes, cuando le dijo que en Chacabuco iba a "haber de todo, incluido lo peor del duhaldismo" y le anticipó que quizás no fuera al acto.
(...) El Presidente tiene una premisa: "sumar y después ver" y la cumple a rajatabla. (...) Y la dirigencia duhaldista provincial no se instaló el jueves en esa ciudad del interior sólo para hacer una demostración de fuerza ante el felipismo. (...) El concepto "rodear a Kirchner" pertenece a los estrategas de la movida de Chacabuco. No ignoran que el Presidente está en la etapa de "sumar" y por lo tanto también le sirve. (...)
Kirchner y Duhalde, mientras tanto, volvieron en estos días al diálogo directo y reservado sobre estrategias políticas y partidarias.
Y en la Gobernación, en tanto, aseguran que Solá (...) también va a apelar al diálogo".
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