Al indagar en la naturaleza del trabajo post-industrial de los profesionistas, Robert Reich (2) proporcionó, desde inicios de la década de 1990, una síntesis bastante útil y compacta al definir tres tipos de ocupaciones en la nueva economía. Las dos primeras contienen una alta dosis de rutina, es decir, procedimientos previamente definidos, de ellas, la citada en primer lugar genera bienes para el mercado mundial, y la segunda se aboca a necesidades cubiertas por el trato de persona a persona. En cambio, los servicios simbólico-analíticos incluyen las actividades de identificación de problemas, la solución de los mismos y la intermediación estratégica de clientes en redes o cadenas de valor.
Este tipo de trabajadores manipula símbolos: datos, palabras, representaciones orales y visuales. No obstante, aun cuando comparte con otros trabajadores el hecho de que su producción es para el mercado mundial y que en su ejecución debe estar en contacto personal con el cliente, las diferencias novedosas son sustantivas. Los actores de este nuevo tipo de trabajo "simplifican la realidad en imágenes abstractas que pueden ser reordenadas, manipuladas, experimentadas, comunicadas a otros especialistas y, transformadas en realidad". (3)
Tienen ingresos variables, no están ligados a una organización y sus carreras no son lineales ni están sometidas a un principio de jerarquía. Trabajan en equipos y en redes y eso es crucial. Para estos trabajadores las credenciales acerca de su nivel y campo de estudios no son importantes: lo es más su capacidad de utilizar de modo efectivo y creativo su conocimiento y habilidades.
Asociada a esta visión, encontramos posteriormente una corriente de análisis laboral y organizacional que se fundamenta en la definición del trabajo profesional "sin fronteras". Bajo esta perspectiva de análisis, el énfasis lo encontramos en el cambio del espacio social en el que se lleva a cabo la carrera profesional (conjunto de experiencias de trabajo del individuo), que abandona la "organización", es decir, la estructura jerárquica tradicional de la economía fordista, convirtiéndose de esta forma en una carrera "sin fronteras". Los autores de esta visión identifican una nueva economía caracterizada por cambios tecnológicos dinámicos e interdependencias globales, en la cual coexisten "oportunidades, inseguridad, flexibilidad e incertidumbre" (4).
En este nuevo ámbito, las formas tradicionales de acumular experiencias de trabajo han cedido el paso a un conjunto de nuevas posibilidades que comparten la no adscripción a las organizaciones limitadas por fronteras.
Este nuevo trabajador se hace responsable de su propia carrera y su futuro. Por tanto, es fundamental que cultive redes y obtenga el acceso a los conocimientos y recursos de otras personas. Estos trabajadores establecen nuevas formas organizacionales horizontales y crean empresas con un fuerte contenido "virtual" y de aprendizaje. Como se ha dicho, Peter F. Drucker fue uno de los pioneros al señalar la emergencia de una nueva forma de trabajo relacionada con el manejo de la información. Propuso un cambio de paradigma de una "sociedad industrial" a una "sociedad del conocimiento", término que ha servido como punto de referencia hasta nuestros días.
En esta sociedad, la adquisición de calificaciones y conocimiento le brinda más poder a la persona que a su posición jerárquica.
"Lo que llamamos la revolución de la información es de hecho una revolución del conocimiento, y lo que la ha hecho posible es la "rutinización" de los procesos, no a través de la computadora, sino del software. El software es la reorganización del trabajo tradicional basado en siglos de experiencia, mediante la aplicación del conocimiento, especialmente del análisis sistemático y lógico. La clave no es la electrónica, sino la ciencia cognitiva. Ello significa que la clave para mantener el liderazgo en la economía y la tecnología que emergerán, estará en la posición social que tengan los profesionales del conocimiento y en la aceptación social de sus valores. Para ellos, el hecho de ser considerados "empleados" tradicionales sería equivalente al trato que en Inglaterra (durante la Revolución Industrial) se le dio a los tecnologistas, como si fueran comerciantes". (5)
Una visión de síntesis de los tipos de trabajo desarrollados que se asocian al post-industrialismo es la que ofrecen Hardt y Negri:
"Podemos distinguir tres tipos de trabajo inmaterial que han puesto al sector de servicios en la cima de la economía informática. El primero participa de una producción industrial que se informatizó e incorporó las tecnologías de la comunicación de una manera que transforma el proceso de producción mismo. La fabricación se considera como un servicio, y el trabajo material de la producción de bienes durables se mezcla con el trabajo inmaterial, el cual se hace cada vez más predominante. El segundo es el trabajo inmaterial de las tareas analíticas y simbólicas, que se divide en labores de manipulación creativa e inteligente, por un lado, y en labores simbólicas de rutina, por el otro. Finalmente, el tercer tipo de trabajo inmaterial, que implica producción y manipulación de afectos y que requiere el contacto humano (virtual o real), es el trabajo en modo corporal: estos son los tres tipos de tarea que lideran la post-modernización de la economía global". (6)
Todas estas interpretaciones de la esfera laboral en la post-industrialización coinciden en la producción de un nuevo tipo de trabajo que no corresponde al modelo de las profesiones tradicionales. La manipulación de información y la innovación adaptativa aparecen como una nueva habilidad de los profesionistas.
La síntesis es la definición de trabajador del conocimiento, con su connotación de trabajo flexible, de autoformación y dotado de habilidades de transformación de información y de comunicación.