Sucedido el default un año más tarde, aquellos 1000 millones fueron a parar al Club de París, que es donde se litigan las deudas entre Estados. España reclamó que su préstamo se colocara bajo la protección que habían recibido los créditos de los organismos multilaterales, porque formó parte de una operación del FMI. El gobierno argentino encontró razonable ese requerimiento y Roberto Lavagna envió una carta en tal sentido al Club de París. Pero varios países centrales se opusieron tenazmente a esa excepción.
Los recursos de España quedaron entrampados en el Club de París. Rato nunca digirió del todo ese diferendo y nunca confió en que el gobierno argentino haya puesto demasiada buena voluntad.
Hasta aquí, los conflictos personales. ¿Importan? Sólo en una medida muy pequeña si los deberes argentinos estuvieran hechos. Las pautas monetarias y fiscales estarán sobradamente cumplidas. El intensivo proceso de negociación con las empresas privatizadas es un buen mensaje al organismo. Faltan aún progresos sustanciales en la oferta a los tenedores de bonos en default, que Kirchner y Lavagna están terminando de adornar.
El conflicto más atrasado es el de la nueva ley de coparticipación federal, sobre la que debería rendirse cuenta en junio. La escritura y sanción de esa ley, que figura como un mandato de la Constitución desde 1994, es, aunque en la Argentina no se note, el tema más recurrente en las discusiones del directorio del Fondo en Washington.
Kirchner lo sabe. En su última conversación con el segundo del Tesoro, John Taylor, le pidió que intercediera para que no lo arrinconen con esa promesa incumplida. ¿Lo comprendió Taylor? ¿Lo entenderían a él en el Fondo?
Las provincias han aumentado un 100% sus ingresos federales en los últimos dos años. Pero la ley de coparticipación permanece estancada. Está faltando, a todas luces, un entramado político que siente a la Nación y a las provincias en la mesa del acuerdo. Por ahora, la discordia política resalta, al menos con los distritos más importantes. (...)"
http://www.lanacion.com.ar/04/05/23/do_603496.asp
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Eugenio Paillet, en su columna Crónicas de la República, escribe en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca:
"(...) La defensa a ultranza de la quita del 75% a los bonistas está a punto de convertirse en cartón pintado: Roberto Lavagna y Ricardo Nielsen tienen casi abrochado un acuerdo con el comité de bancos externos, que permitiría mejorar la oferta en por lo menos 10 puntos. En la Rosada invitan a sus enemigos a no descorchar antes de tiempo: el ministro de Economía y su principal negociador externo todavía deben pasar por el despacho presidencial para revisar el acuerdo con los bancos. "La decisión política final es de Kirchner", dicen, aunque sin demasiado entusiasmo, los voceros gubernamentales, convencidos de que no hay mucho margen de patear el tablero.
El tema promete más de un ruido interno en la administración y otra vuelta de tuerca en la accidentada relación entre el presidente y su ministro de Economía. A uno podría significarle un costo político enorme si debiera bajarse de un discurso que llevó a escenarios como Monterrey y Nueva York. Al otro, un veto presidencial lo pondría en situación incómoda tras haberse ufanado de ser un ministro que no cultiva el "sí Néstor", tan común a sus colegas. (...)
Uno de los últimos sondeos que leyó la Casa Rosada sostiene que para el 88% de la población el fenómeno piquetero mutará en el futuro a posiciones más violentas. Resta saber si los jueces, vapuleados sin remedio por Beliz, y la policía, que ha dado muestras casi lindantes con la rebeldía de que reprimirá sólo con una orden del poder político, acatan el mensaje.
El presidente, por fin, nada ha resuelto con el PJ. Ha ido y vuelto en pujas innecesarias con Eduardo Duhalde, pero también con otros caciques territoriales, como Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota, por ver quién se queda con el poder partidario. Una prueba de esa marcha incoherente es que ha dicho a estos últimos: "Yo no voy a presidir el partido, pero ustedes tampoco".
El santacruceño duda entre tomar el consejo de sus aliados, quienes le recuerdan que el peronismo en el poder nunca necesitó del partido para gobernar, o los que le advierten que dejar en manos de sus adversarios la conducción de esa poderosa estructura puede convertirse en una amenaza. El armado de las listas para las elecciones legislativas de 2005 puede significar el primer gran desafío a vencer. (...)"
Nota completa:
http://www.lanueva.com.ar/04/05/23/45n071.sht
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Eduardo van der Kooy escribe en Clarín:
"(...) La realidad, además, nunca es inmóvil ni inmutable. La economía, la viga fuerte del Gobierno, ha comenzado a ser acechada por una pila de factores. El más inquietante proviene de Brasil: allí se acentúa la inestabilidad producto del aumento de las tasas de interés de EE.UU. que golpean de modo brutal su deuda.
Están también los conflictos internos del gobierno de Lula da Silva, aunque Kirchner y Roberto Lavagna hacen foco en una sola cuestión: el despegue del real respecto del peso argentino. Los productos que nuestro país exporta perderían, sin remedio, competitividad: ¿Habría que recurrir entonces a correcciones arancelarias?
El ministro de Economía se niega a llamarlas de ese modo. Pero un papel elaborado por él mismo llegó en las últimas semanas al palacio del Planalto en el que alertaba sobre los desajustes que se están produciendo en el vínculo económico entre las dos naciones. (...)"
Nota completa:
http://www.clarin.com/diario/2004/05/23/opinion/o-02901.htm