Las pérdidas se atribuyen, por un lado, a la menor demanda de sus vehículos en Estados Unidos después del ajuste de precios y que superase el umbral en producción que permite a los futuros propietarios de sus vehículos acogerse a créditos fiscales.
Por otro, como ya advirtió al publicar las ventas del primer trimestre, los problemas también llegan desde el exterior, con importantes dificultades en la distribución de su Model 3 en Europa y en China, dos de sus mercados objetivo.
Tesla registró una caída del 31% en las entregas en el tramo inicial del año, hasta las 63.000 unidades. De ese total, unas 50.900 corresponden al Model 3. El resto fueron del sedán Model S y del todoterreno Model X, que también quedaron por debajo a las matriculaciones en el cuarto trimestre. La producción se contrajo algo más del 10%, por lo que Musk cataloga como “retos logísticos inesperados”.
En la conferencia con analistas al presentar los resultados, el jefe de la firma automotriz Elon Musk reconoció que "a la gente no le gusta comprar coches en invierno". Pero los inversores están prestando mucha atención a la evolución de la demanda para entender cómo puede volver a ser rentable y sostener las ganancias. Tesla, aunque va con ventaja, empieza a hacer frente a una competencia cada vez mayor.
También se sigue muy de cerca la liquidez de la que dispone para ganar escala e iniciar la producción del todoterreno compacto Model Y, más el camión eléctrico. El mes pasado repagó 920 millones de dólares en deuda, a los que se sumaran en breve otros 180 millones.