La última en reconocer un impacto en su estrategia fue Ryanair, que anunció el cierre de bases y una rebaja de sus previsiones de crecimiento por los retrasos en las entregas de los 737 MAX, que llevan en tierra desde marzo.
La aerolínea de bajo costo anunció que solo va a crecer un 3% en la temporada de verano de 2020, que comienza en abril, frente al 7 por ciento previsto, y que cerrará el ejercicio con cinco millones de pasajeros menos de los anunciados (162 millones de viajeros).
La aerolínea tenía previsto recibir 58 unidades del 737 MAX 200 (la versión de alta capacidad) antes de marzo de 2020 para ampliar y renovar su flota y ahora estima que solo incorporará 30 aviones a partir de enero o febrero del año que viene.
No en vano, el sector espera que el modelo recupere la licencia de vuelo como muy pronto después de verano, por lo que la versión de alta capacidad (la 200) no estaría homologada hasta noviembre.
"Este déficit de entregas de aviones necesitará algunos cortes y cierres de bases. Estamos analizando qué bases con menor rendimiento o pérdidas cerraremos a partir de noviembre de 2019", asegura Michael O'Leary, consejero delegado de Ryanair.
En este punto, la FAA detectó más potenciales peligros en las alas del avión por lo que tendrán que ser revisados antes de lograr de nuevo la licencia, que perdió porque una serie de fallos en el software del MACAS y la falta de formación de los pilotos, que desconocían la existencia del sistema de corrección automática del ángulo de ataque, causaron los dos accidentes.