La aerolínea rusa Aeroflot anunció a mediados de este mes que cancelaría su pedido de veinte 737 Max destinados a su “low cost” Pobeda, a no ser que Boeing garantizara la seguridad de los aparatos.
Las autoridades rusas, además, estarían aprovechando los problemas del fabricante americano para presionar a la aerolínea para que, en el futuro, compre aviones construidos en Rusia.
Mientras Boeing sigue trabajando para solucionar sus problemas con el 737 Max, el modelo que más rápido vendido en su historia, Airbus cerró dos semanas notables.
El consorcio aeronáutico europeo firmó tres pedidos para la entrega de 337 aparatos valorados en catálogo a un precio de 43.892 millones de euros. El más suculento, el que firmó el pasado día 25 para el suministro con China Aviation Supplies Holding Company (CAS) para suministrarle 300 aparatos, un contrato valorado en 28.000 millones de euros.
Del total de aviones, 290 son del modelo A320, el competidor del 737, mientras que otros diez corresponden a la familia del A350. China es un mercado clave en la batalla entre Boeing y Airbus. Se estima que en los próximos 20 años la demanda de aviones de este país alcanzará los 7.400, más del 19% de la necesidades globales.
Dado que la industria aeronáutica china no representa por el momento una amenaza real para los dos líderes mundiales del sector, ambas compañías seguirán siendo de momento los principales proveedores de aviones del gigante asiático.
Junto al contrato de CAS, Airbus firmado otros dos con la taiwanesa Starlux y la alemana Lufthansa. El primero, de 17 A350 XWB, está valorado en 5.272 millones de euros a precios de catálogo. El segundo, para suministrar veinte A350-900, tiene un precio de 10.620 millones de euros