Como fuera, por estos lares ya debería ser un hit discográfico perpetuo, que acaparase todos los discos de oro, platino y diamantes juntos, la canción flamenca titulada “La Falsa Moneda”, que interpreta la morena española Concha Buika: “Gitana, que tú serás/Como la falsa mone´a,/Que de mano en mano va,/Y ninguno se la que´a”, dice.
Buika - Falsa Moneda
Sólo superado en su raid devaluatorio por la performance más reciente del “bolo” (Bolívar) venezolano, que traspasó la órbita monetaria del universo, el peso argentino tampoco podría ufanarse de tener adeptos que quieran atesorarlo.
Al contrario, nada más que con echar un vistazo a las Letras de Liquidez (Leliqs), que emite el Banco Central, cuyo stock en poder del público a fin de año le empatará al total de los billetes, monedas y depósitos a la vista bancarios, superará la Base Monetaria, queda claro que la recompensa que pretende el inversor para no pasarse al dólar merodea el 70% anual de interés, 15 puntos arriba de la tasa de inflación anualizada, de final incierto.
Ha sido en este contexto de volatilidad monetaria exacerbada en Argentina que los presidentes de los 2 socios mayores del Mercosur, el hace poco asumido en Brasil, Jair Bolsonaro, y el que atraviesa su último tramo de gestión, Mauricio Macri, expresaron el deseo de que alguna vez haya una moneda única para ambos países.
No pasaron muchas horas hasta que Planalto y Casa Rosada salieron a relativizarlo, después que los entendedores en estas cuestiones, más allá de sus nacionalidades, se calmaran del ataque de risa que les provocó el anuncio.
El ex viceministro de Economía de Carlos Menem en plena Convertibilidad, Carlos Rodríguez, no le anduvo con vueltas y tuiteó: “Un par de ignorantes por no decir otra cosa hablando de temas que no saben para satisfacer demandas populistas de gente que no entiende”.
El analista bursátil Marcelo Trovato le puso números a la asimetría planteada: "Para que se pueda lograr una moneda única entre #Argentina y #Brasil se necesita un #Real a 5.20 o un #Peso a 200”, tuiteó.
Nada más que en 2018 la devaluación de este lado fue del 118% contra 15,7% del brasileño, si bien tampoco existen acuerdos en convergencia regulatoria ni en facilitar el comercio bilateral.
Habría muchas más diferencias para zanjar. Una cultural: los argentinos pensamos en términos de dólar y los brasileños siguen creyendo en su moneda de curso legal.
Eje político con Washington
Pero, más allá de la factibilidad de la Constitución Nacional, en breve de un peso-real que sintetice a ambas monedas, el mensaje que subrayó Bolsonaro fue de elevado voltaje político: sellar una unidad para ahuyentar socialismos y comunismos en la región.
Más que fortalecer al Mercosur, el propósito inmediato de la exhortación de Bolsonaro apunta a consolidar un eje del cono sur con Donald Trump, inestimable aliado de ambos Presidentes sudamericanos.
También el aggiornamiento de la unión aduanera de la subregión atlántica va para largo, porque requiere otras varias reformas, como flexibilización, apertura, institucionalización y visión estratégica nueva.
La unidad monetaria sería bastante más complicada aún, y por ende lejana, de instrumentar en la práctica, ya que “primero requiere de coordinación macroeconómica, mayores simetrías regulatorias y políticas y una fortaleza institucional de la que carecemos -al menos todavía”, como advirtió Marcelo Elizondo, de DNI.
Había habido antes intentos que quedaron rápidamente en la nada: “en 1998 el presidente Menem anticipaba que la Argentina impulsaba una moneda común y que (decía) se lograría mucho más velozmente que lo que requirió la Unión Europea. Y en 2003 ambos países evaluaban la creación de un instituto monetario del Mercosur (el entonces ministro Roberto Lavagna representaba a la Argentina en estas charlas) y pensaban en una moneda común (aunque no única)”, recuerda Elizondo.
Consejero del CARI, comulga con una moneda común que facilite el comercio bilateral y reduzca los obstáculos entre dos socios comerciales relevantes.
El seguimiento que realiza el Banco Central del tipo de cambio múltiple considera al real la principal referencia, con 32%; le sigue el euro con 19%, el yuan 16% y recién después viene el dólar con 12% de la ponderación de los precios relativos que rigen en el comercio.
El índice de la moneda de intercambio de Argentina, que toma del 17 de diciembre al 6 de junio, arbitra 249,8 puntos con la zona euro; 236,6 con Brasil; 235,3 con Estados Unidos y 214 con China.
Este degradé marca un podio de competitividad de la canasta de bienes y servicios nacionales respecto de los principales socios comerciales.
Aunque el intercambio perdió vigor en los últimos años, Brasil sigue siendo el referente del comercio exterior argentino: es el destino Nº1 de nuestras exportaciones, mientras para ellos somos los 3ros receptores de sus ventas externas.
Está entre los 5 principales inversores foráneos en Argentina y además es uno de los más activos en el mundo en la materia: cuenta con un tercio de las mayores 100 multilatinas del planeta, mientras Argentina tiene apenas 7.
Viene funcionando una integración automotriz que se encuentra en etapa de reacomodamiento dada la desproporción entre ambos mercados y ha habido intentos de conformar cadenas de valor regionales en alimentación, construcciones y minería, a los que les faltaría avanzar para lo que facilitar el flujo comercial daría un gran envión.
La depreciación de la moneda argentina tras la salida de la convertibilidad inició un período de tipo de cambio real alto y competitivo (el tipo de cambio real fue 36% superior al del promedio de los últimos 19 años) que se extendió hasta aproximadamente fines de 2007.
Fue cuando el gobierno de Néstor Kirchner entregó la posta a su esposa CFK con los famosos superávits gemelos.
El ciclo se revirtió al superar la evolución relativa de los precios internos y externos la de la tasa de cambio, con algunos saltos devaluatorios en 2009, a comienzos de 2014 y, a finales de 2015, cuando asumió la Administración Macri, eliminó los controles cambiarios y unificó el tipo de cambio, se produjo una depreciación en términos reales de alrededor de un 36%.