Las optimistas conjeturas oficiales van aún más lejos, cuando comunican que la bonanza pasajera por los volúmenes a punto de ser recolectados, inclusive, podrían abrochar un “sí negativo” del sector agropecuario a la reelección de Mauricio Macri.
Sin embargo, no parece tan automático el traslado de agrodólares por venir a las urnas.
Es vox populi, tranqueras adentro, que los productores se proponen primero salir a colocar el maíz (con un potencial de US$7.000 millones) y reservarían la soja para lo último, lo cual terminará afectando la previsión macro de US$13.000 millones.
En el gobierno nacional están persuadidos de que los agroexportadores deberían estarle agradecidos que, en noviembre de 2017, por decreto que firmaran el presidente Mauricio Macri; el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, haya sido eliminada la obligación de liquidar en el mercado de cambios las divisas generadas por las exportaciones de bienes, servicios y materias primas que rigió durante 53 años.
Y si para muestra basta un botón, aun a contramano del repunte productivo de este año, hasta levantaron el pie del acelerador para liquidar divisas que el plan financiero que los contaba desde este 1er. trimestre.
Así, durante enero hicieron entrega al Banco Central de US$1.756 millones, unos US$46 millones menos que en el mismo mes del año anterior, que a su vez había registrado ya una baja del 10% respecto de enero de 2017, según los datos suministrados por el ex ministra de Economía bonaerense, Silvina Batakis,
En febrero, informaron las cámaras del sector Ciara y CEC, los exportadores de granos y subproductos disminuyeron el suministro a US$1.290 millones, por lo que se redujo en US$466 millones en comparación con enero y casi US$100 millones respecto del mismo mes del año pasado.
La tasa no se rinde
El repliegue quemó los papeles de Hacienda, BCRA y el Fondo Monetario Internacional juntos, cuando decidieron ir bajando la tasa con la paridad peloteando debajo de los $40.
La columnista de ruralprimicias.com.ar, Matilde Fierro, escribió que “2019 puede traer una buena campaña agrícola si el clima acompaña y los buenos precios se mantienen, con pocas variaciones en la participación del Estado en la renta del hombre de campo”.
Pero en realidad todas “las miradas están puestas en el otoño, cuando se conozca el balance de la cosecha de granos gruesos que, según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires entre soja, maíz y girasol aportarían un récord superior a las 100 millones de toneladas”, precisó.
La soja se encumbra a 54 millones de toneladas y el maíz a 47,3 millones de toneladas en el país, campaña 2018-2019.
Los índices son importantes, ya que, por primera vez, la soja alcanzará los 32,0 quintales a nivel país y el maíz los 83,6.
De modo que la soja superará al volumen del año pasado en un 54% y el maíz en un 48%.
Aunque, a pesar del calor, las estimaciones de rindes mejoraron en casi todas las provincias, se intercalan excepciones en la vasta geografía, como por ejemplo, que el área del sudeste bonaerense junto al sur de La Pampa han sido las grandes perjudicadas debido a que, al estar marginadas de las lluvias que sí estuvieron presentes en el resto de la región pampeana, sus rindes descienden casi a los niveles del año pasado.
San Luis ha sido otra de las provincias que cae en esta campaña: sus rindes quedarán por debajo de los 20 quintales.
Simultáneamente, en el presente ciclo 2018/19 hubo un proceso de “primarización” del principal complejo agroindustrial argentino que empobreció la cadena de valor de la soja, porque las fábricas aceiteras chinas dejaron de comprar el insumo harinado de estas pampas y los farmers abastecieron del poroto al gran mercado asiático bajándole la cotización.
Mientras que en abril-mayo de 2018 se habían declarado exportaciones de 8,2 toneladas de harina por cada 1 de poroto, en el mismo bimestre de este año esa relación cayó apenas a 0,7.
Durante el 2do semestre de 2018, la competitividad de las aceiteras argentinas se derrumbó a causa de un efecto colateral de la “guerra comercial entre China y USA", que terminó generando un enorme diferencial –el cual llegó a un récord de hasta US$90/tonelada– a favor del valor FOB del poroto de soja Mercosur versus el poroto Golfo de México (USA), diferencia que no se trasladó por entonces a los valores de la harina y el aceite de soja (principales productos de exportación argentinos) debido a que China, precisamente, importa poroto para elaborar ambos productos en su propio territorio.
De modo que, aunque el comportamiento del clima en general fue satisfactorio tras un año aciago, fue esta vez el valor agregado de la cosecha gruesa el que quedó tocado por estos movimientos, lo cual resintió la rentabilidad pero también la liquidez.
No extraña en ese contexto que se haya reavivado la retención de la venta de los cereales al mercado, sobre todo porque se agrega la incertidumbre acerca de adónde irá a parar un tipo de cambio con saltos cada vez más parecidos a los de un canguro.
Y así cobró mayor dinámica la modalidad del trueque, que se activa cuando el productor agropecuario se prepara para la siembra y negocia con los proveedores la entrega de insumos semillas, herbicidas, fertilizantes, maquinarias agrícolas, repuestos, tecnología, y difiere su pago hasta el momento de la cosecha.
Uno de los incentivos mayores, además de evitar tasas de interés confiscatorias, lo constituye evitar cargas impositivas, como la retención del 8% del IVA, el impuesto a las transferencias financieras, que representa un 1,2% adicional, e ingresos brutos, entre otros beneficios.