Tal como ya preveía el plan original de Bruselas, la tasa gravará con un 0,1% las transacciones de todo tipo de instrumentos financieros -excepto los derivados, a los que se les aplicará un 0,01%- en las que esté implicada una institución financiera basada en uno de los 11 países participantes o que actúe en representación de un cliente basado en estos Estados.
Pero, además, para evitar que las operaciones se deslocalicen a la City de Londres, el Ejecutivo comunitario propone añadir un segundo criterio, el lugar de emisión, según los borradores filtrados.
Ello significa que la tasa se aplicará a los instrumentos financieros emitidos en la zona de cooperación reforzada, independientemente de dónde se negocien.
La propuesta original de Bruselas para el conjunto de la UE preveía una recaudación de 55.000 millones de euros al año. Pero tampoco había acuerdo sobre el uso del dinero.
Mientras que el Ejecutivo comunitario defiende que dos tercios vayan a financiar el presupuesto comunitario, la mayoría de Estados miembros quiere que los fondos engrosen las arcas nacionales.
Antecedentes
La tasa Tobin o ITF (Impuesto a las transacciones financieras) es un tipo de tasa sobre las transacciones financieras que fue propuesta por el economista estadounidense James Tobin en sus Janeway Lectures, en la Universidad de Princeton, en el año 1971.
Ese impuesto recuperó la atención pública cuando su aplicación fue propuesta en los años '90 por el movimiento antiglobalización, especialmente por la organización ATTAC, y de nuevo en los años 2000 con motivo de la crisis económica de 2008-2012.
James Tobin ha considerado que se ha abusado de su nombre y de su idea, dado que en su origen la tasa solo tenía por objetivo frenar la volatilidad de los mercados cambiarios internacionales, y en su nueva formulación se propone que su recaudación se destine a fines sociales o que tenga por objetivo el control de crisis financieras como la crisis de la deuda soberana europea.
Desde 2011 se relanzó la reivindicación de esta tasa, tanto desde autoridades políticas y monetarias como diferentes discusiones en el seno de la Unión Europea como desde ONG como Oxfam quien la rebautizó como Impuesto Robin Hood.
En 2001, después de las crisis económicas de los '90 en México, Rusia y el Sudeste Asiático, James Tobin describió la tasa que ideó a comienzos de los años '70.
La idea es muy simple: se aplicaría, en cada cambio de una moneda en otra, un pequeño impuesto -digamos un 0,5% del volumen de la transacción-. Esto disuade a los especuladores ya que muchos inversores invierten su dinero en moneda extranjera a muy corto plazo por lo que tendrían que pagar el impuesto muchas veces.
Sin impuestos lo que ocurre cuando el dinero se retira inmediatamente es que los países deben aumentar drásticamente los intereses para que su moneda siga siendo atractiva a los flujos financieros.
Pero el alto interés y la constante fluctuación son desastrosos para la economía nacional.
Con la propuesta de impuesto a las transacciones financieras para que los países recuperaren cierto margen de maniobra para defender la economía nacional, resultando una medida que limitaría el poder excesivo de los mercados financieros.