El edificio había sido proyectado en Inglaterra y fue construido durante la década del ’30 como un enorme depósito de la que en aquel momento era la empresa industrial más grande de Argentina, con 8 plantas más subsuelo y una superficie de 20.000 metros cuadrados cubiertos, que incluía un área de cocinas, un comedor para las 14.000 personas que allí trabajaban y un enorme salón de usos múltiples en el que funcionaban un cine, un teatro y un espacio cultural comunitario.
El estudio de arquitectura a cargo de la obra debió considerar aspectos reglamentarios, de preservación histórica, tecnológicos, logísticos y de sustentabilidad, además de consensuar los aspectos esenciales de las obras con las tres empresas que hoy ocupan el edificio, a efectos de obtener la aprobación para el uso comercial administrativo en un área en la que las normas de zonificación no lo permiten.
Según explicó Lucio Neumann, socio del estudio de arquitectura a cargo del proyecto, “El proyecto de renovación del edificio de Alpargatas fue un enorme desafío, ya que involucra preservación y sustentabilidad, que son dos cuestiones centrales para evitar que ciudades como Buenos Aires pierdan esa identidad que está claramente plasmada en sus edificios protegidos, cuya puesta en valor debe ser una prioridad para la comunidad”.
La recuperación del edificio de Alpargatas se enmarca en la decisión del gobierno local de remozar el tejido urbano en el barrio de Barracas, que estuvo deprimido durante muchas años, que se inició con la renovación de la Avenida Regimiento de Patricios y la recuperación del viejo edificio de la empresa Cruz de Malta y de la Planta 2 de Alpargatas, donde este año se realiza Casa FOA.