Desde 2013, la finca Aranjuez es mencionada por sus marcas 'Tannat' y 'Juan Cruz'.
Tarija, uvas, vinos y singanis
Singani sigue siendo el producto más consumido, exportado e integrado en la vida diaria, pero el vino está en ebullición.
En el caso de Aranjuez, proyecto iniciado en 1976, son 180 hectáreas de plantaciones, emprendimiento de Milton Castellanos Espinoza y su mujer, Ana Hebe Cortez Vaca Guzmán, y tienen las viñas Tarijas, Santa Ana la Vieja, Santa Ana la Nueva, El Portillo y Chaguaya. Pero la visita guiada es a Finca El Origen.
Historia
La uva llegó a Bolivia en el siglo 16, a través del Perú. La presencia de viñedos con cepas en Tarija la proporciona el fundador de la Villa de San Bernardo de la frontera de Tarixa y Tarija la Vieja, Luis de Fuentes y Vargas, en 1589. Luego, los viñedos se extendieron hacia el norte: Viña de San Pedro Mártir, en el Valle de Cinti (actuales departamentos de Chuquisaca y Tarija).
Pero recién en 1925 se estableció la primera bodega en San Pedro, propiedad de las familias Ortiz y Patiño, que inició la fabricación de singani, que es sometido a un proceso de destilación.
Luego surgieron las bodegas El Rancho, San Remo y otras.
Durante la década de 1970 comenzó la industrialización del vino en Bolivia. Los pioneros fueron Julio Kohlberg y Franz Kuhlmann.
En 2018 ingresó un vino boliviano a la colección del Museo Cité du Vin, en Burdeos, Francia, el sitial más importante de los vinos del mundo.
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Instalaciones de Finca Aranjuez, en el departamento de Tarija, en el sur de Bolivia.
Recorrido
“Las 3 regiones vinícolas [bolivianas] son muy distintas”, dice el citado exportador / importador Escobar.
- El Valle de Cinti es “como tener un viñedo en el Gran Cañón”, con propiedades que salpican el río que lo atraviesa.
- En Tarija, la principal región productora de vino de Bolivia, una colección de valles dentro del área más grande son conocidos por un clima más seco y el estilo de vino mediterráneo.
- En el pueblo bohemio de Samaipata, en el valle de Santa Cruz, los viajeros pueden encontrar “el último lugar donde se pueden cultivar uvas antes de adentrarse en el Amazonas", según Escolbar.
Acerca de Samaipata:
Es simplemente impresionante, porque puedes estar recogiendo uvas, bebiendo vino en un viñedo y luego, 20 minutos más tarde, estás en una selva tropical, en una cascada. No se puede hacer eso en un país vitivinícola en ningún otro lugar del mundo.
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Samaipata, Santa Cruz de la Sierra.
Los viajeros que quieran visitar los viñedos del país pueden, por ahora, degustar una variedad de vinos de los viñedos con los que trabajan:
- Tannats y Cabernet Francs, de Aranjuez;
- Moscatel de Alejandría y Sangiovese, de la bodega Magnus, propiedad de mujeres y administrada por mujeres, en Tarija;
- botellas de Syrah y Pedro Giménez, de 1750, bodega boutique en la cuenca del Amazonas que produce menos de 2.000 cajas de vino al año. Con un precio de venta al por menor de entre US$ 20 y US$ 25.
Aunque la industria del vino de Bolivia es mucho más pequeña que la de sus vecinos Argentina y Chile, Escobar y su socio, Tealye Long, ingresaron muy confiados al negocio, que además tiene una apelación social:
- “Si 1 de cada 4 estadounidenses adultos bebe una copa de vino boliviano al año, sacaríamos a 3.000 personas de la pobreza en Bolivia”.
- "Si solo 2 de cada 1.000 botellas de vino que se importan en Estados Unidos fueran de Bolivia, sacaría de la pobreza a 1.000 personas".