El aeropuerto de Fiumicino, en Roma, recibió amenazas por correo electrónico que aseguraban la presencia de bombas en vuelos procedentes de Helsinki y Dublín.
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Los procedimientos también alteraron operaciones que aún no habían comenzado. En Varsovia, el vuelo LO331 de LOT hacia París fue detenido durante el rodaje y trasladado a una posición de estacionamiento para revisar el avión y el equipaje. La compañía informó de que no se encontraron objetos peligrosos y anunció un cambio de aeronave para continuar el servicio. En el LO235 hacia Bruselas, la tripulación realizó controles durante el trayecto y las autoridades belgas completaron la inspección después del aterrizaje, igualmente sin hallazgos sospechosos.
La consecuencia común fue la interrupción de los viajes incluso cuando las amenazas resultaron falsas. Los pasajeros tuvieron que esperar registros, desembarques o cambios operativos, mientras tripulaciones, aeropuertos y fuerzas de seguridad respondían a avisos distribuidos entre varios países. La Comisión Europea activó un mecanismo de intercambio de información entre los Estados miembros ante la sucesión de incidentes. Ese antecedente explica la preocupación por las nuevas alertas del viernes: su repetición prolonga la carga sobre el sistema, aunque las inspecciones no hayan localizado explosivos.
Una firma extremista y una autoría sin resolver
Uno de los indicios más extraños de la oleada está en los mensajes que acompañaron algunas amenazas: contenían expresiones misóginas y se atribuían a “Fighters of the Male State”, traducible como “Combatientes del Estado masculino”. AFP examinó avisos dirigidos a aeropuertos de Roma y Sofía que utilizaban ese nombre; un aeropuerto británico también informó a la agencia de un mensaje similar. La coincidencia aporta un elemento para comparar los episodios, pero no demuestra que todos los correos procedan de una misma persona ni que el grupo mencionado sea realmente su autor.
En Italia, una fuente aeroportuaria explicó a Reuters que un correo con el asunto “Informe de amenaza” llegó a varias direcciones de aerolíneas, operadores aeroportuarios y proveedores de servicios de Fiumicino y Malpensa. El mensaje aseguraba que había artefactos en vuelos procedentes de Helsinki y Dublín y fijaba un plazo de 60 minutos para su explosión. “Hoy vuestro cielo será rojo”, advertía. La referencia a aparatos concretos y la cuenta atrás obligaban a evaluar una amenaza que, después de las inspecciones, no se correspondió con el hallazgo de explosivos.
El nombre empleado remite a Male State, un movimiento antifeminista creado en 2016 por el bloguero ruso Vladislav Pozdnyakov y posteriormente prohibido en Rusia. Sin embargo, el propio fundador aseguró que la organización ya no existía y negó cualquier implicación. Reuters tampoco pudo confirmar quién había enviado el correo. Usar una identidad reconocible puede servir para reivindicar una acción, pero también para desviar las sospechas, de modo que el lenguaje de los mensajes y la nacionalidad de la figura asociada al movimiento no bastan para establecer su procedencia.
Ante la repetición de incidentes, la Comisión Europea activó un mecanismo de intercambio de información sobre seguridad aérea, en contacto con los Estados afectados y con la Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA). Las pesquisas continúan siendo nacionales, mientras Bruselas facilita la coordinación. El comisario de Transporte, Apostolos Tzitzikostas, advirtió de que todavía era pronto para determinar si los avisos estaban relacionados: la proximidad temporal y las semejanzas entre mensajes son pistas que deben contrastarse, no una autoría común ya demostrada.
La hipótesis de una operación híbrida surge del efecto que consiguen las amenazas incluso cuando no hay bombas. Un mensaje puede desencadenar inspecciones, desvíos, escoltas militares y alteraciones que alcanzan a pasajeros y aeropuertos de distintos países. Expertos consultados por Reuters consideran que la secuencia presenta características compatibles con una acción coordinada, aunque mantienen abiertas otras explicaciones, como motivaciones individuales o imitadores que aprovechan la repercusión de los primeros casos. La investigación debe resolver precisamente esa diferencia: si Europa enfrenta una campaña organizada o varios actores que reproducen el mismo método. Hasta el momento, no se ha presentado evidencia pública que vincule estas amenazas con Moscú, y las advertencias generales sobre sabotajes rusos no permiten dar ese vínculo por probado.
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