La emergencia, además, modificó el movimiento habitual de clientes. Las farmacias registraron una mayor demanda de vendas, gasas y productos para atender heridas, mientras las tiendas de telefonía recibieron a jóvenes que buscaban reemplazar dispositivos perdidos durante el cruce o recargar sus líneas para comunicarse con sus familias. Algunos locales deportivos también vendieron ropa y calzado, aunque ese consumo excepcional estuvo lejos de compensar la desaparición del turismo y convivió con episodios de tensión, intentos de robo y mayores gastos en seguridad.
Las playas de Ceuta albergaron carpas y campamentos improvisados después de la entrada masiva de migrantes, una imagen que alteró la vida cotidiana y profundizó el deterioro turístico de la ciudad.
FOTO: NA / XINHUA
Los empresarios reclaman ahora una moratoria en los pagos a la Seguridad Social, ayudas directas, facilidades para reestructurar deudas y mecanismos que permitan conservar los puestos de trabajo mientras la crisis se prolonga. También solicitan compensaciones para quienes debieron contratar vigilancia privada y una simplificación de los trámites, con el objetivo de evitar que la asistencia llegue cuando algunos negocios ya no tengan posibilidades de recuperarse.
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, anticipó un paquete de aproximadamente 15 millones de euros para reactivar el comercio y el turismo, con posibles beneficios fiscales, reducciones en las cotizaciones y ayudas destinadas a compensar parte de las pérdidas. Sin embargo, las organizaciones empresariales sostienen que todavía falta conocer cuándo comenzarán a distribuirse los fondos y advierten que Ceuta necesita algo más que una asistencia puntual: primero deberá evitar nuevos cierres y después reconstruir la confianza perdida como destino.
Ceuta vive del viajero que llega, compra y continúa su recorrido
El alcance del derrumbe se comprende mejor al observar cómo funciona el turismo en el enclave español del norte de África. Una parte importante de su actividad depende de las escapadas breves desde Andalucía, de los pasajeros que desembarcan para pasar el día y de quienes utilizan la ciudad como escala antes de seguir hacia Marruecos. Apenas 28 kilómetros la separan de Algeciras y el trayecto marítimo demora aproximadamente una hora, una cercanía que permitió consolidar durante años un movimiento constante entre ambas orillas.
Las autoridades locales tuvieron que incentivar incluso esa circulación. Los visitantes no residentes pueden acceder a una bonificación de 32 euros sobre el billete de ida y vuelta, mientras programas como “Ceuta Emociona” ofrecen paquetes comercializados por agencias y ventajas para consumir en establecimientos adheridos. La estrategia busca reducir el coste de cruzar el Estrecho y lograr que una excursión de pocas horas deje dinero en diferentes sectores de la economía local.
A esa proximidad se suma un régimen fiscal diferente del que rige en la Península. La ciudad autónoma se encuentra fuera del territorio aduanero común de la Unión Europea y no aplica IVA, sino el Impuesto sobre la Producción, los Servicios y la Importación (IPSI). Esa particularidad puede abaratar determinados artículos y convirtió las compras en uno de sus principales atractivos, con moda, electrónica, perfumería y alimentación como productos habituales entre quienes cruzan por unas horas.
El problema es que ese modelo necesita un flujo permanente de personas. Cuando desaparece el excursionista, la pérdida se extiende mucho más allá de las habitaciones vacías: alcanza a las navieras, las agencias, los servicios de transporte urbano, las visitas guiadas y toda la cadena que depende de cada desembarco. La crisis no interrumpió únicamente una temporada exitosa, sino el circuito de llegada, consumo y partida sobre el que se sostiene buena parte de la oferta turística.
Pedro Sánchez observa junto a mandos de la Guardia Civil y la Policía Nacional las pantallas del centro de control que vigila la frontera, la costa y las principales playas de Ceuta.
FOTO: NA / XINHUA
De la frontera africana a Schengen: controles hasta septiembre
Aunque la emergencia dejó atrás sus jornadas más caóticas, sus consecuencias continúan extendiéndose fuera de la ciudad autónoma. El territorio forma parte de España y de la Unión Europea, pero mantiene un régimen particular dentro de Schengen debido a su ubicación y a su frontera terrestre con Marruecos. Las salidas marítimas y aéreas hacia la Península están sometidas a verificaciones documentales, por lo que ingresar irregularmente al enclave no concede libertad automática para desplazarse por el resto del continente.
La Comisión Europea aseguró a comienzos de agosto que no se habían detectado movimientos de migrantes hacia la España peninsular y que el funcionamiento del espacio común no se encontraba comprometido. Aun así, Giorgia Meloni recurrió al mecanismo que permite restablecer temporalmente las fronteras interiores ante una amenaza para la seguridad y ordenó inspecciones sobre las conexiones aéreas y marítimas procedentes de España. La medida comenzó el 1 de agosto y permanecerá notificada, en principio, hasta el 1 de septiembre.
Madrid respondió desde el 8 de agosto con un dispositivo equivalente sobre quienes llegan desde Italia, cuya vigencia se extiende hasta el 7 de septiembre. Por lo tanto, este viernes 28 ambos operativos seguían activos, aunque ninguno supone una salida total de Schengen: se trata de excepciones temporales aplicadas exclusivamente sobre los trayectos entre los dos países.
La magnitud del corredor convirtió la disputa diplomática en un problema concreto para el turismo. Durante agosto, alrededor de 86.000 personas viajaron diariamente entre ambos territorios en cerca de 500 vuelos directos. En el lado español, entre dos y cuatro policías revisaron la documentación del 5% al 10% del pasaje de cada avión: aproximadamente 15 viajeros en aeronaves medianas y hasta 25 en las de mayor capacidad. Las autoridades no publicaron un promedio general de minutos perdidos, pero la separación de pasajeros, las filas especiales y las inspecciones a pie de pista agregaron esperas a uno de los corredores aéreos más transitados de Europa.
Para el turismo ceutí, el desafío ya no se limita al dinero perdido durante agosto. Un destino promocionado por su cercanía, su diversidad cultural y su condición de puerta entre Europa y África quedó asociado repentinamente con fronteras desbordadas, restricciones y tensión diplomática. Recuperar la actividad exigirá reabrir negocios, pero también reconstruir la confianza del viajero cuando terminen las medidas excepcionales entre Roma y Madrid.
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