El bloqueo se extendió mucho más allá del tren incendiado: otros servicios quedaron detenidos en estaciones intermedias y numerosas salidas tuvieron que aplazarse. Heraldo de Aragón situó el alcance de las alteraciones en más de 20.000 usuarios de Renfe, Iryo y Ouigo durante la tarde. Una vez extinguido el fuego e inspeccionada la infraestructura, Adif autorizó la recuperación paulatina de la circulación, después de más de cuatro horas de interrupción. La reapertura se realizó por una única vía, mientras el tren afectado permanecía pendiente de retirada.
Las causas del incendio todavía están bajo investigación. El convoy pertenece a la serie S100, la más antigua de la flota de alta velocidad de Renfe, pero ese dato no permite atribuir el fuego a su antigüedad. La operadora sostuvo que el tren tenía sus revisiones al día y se encontraba en condiciones de funcionamiento. Determinar qué falló en la cabeza motriz será clave para esclarecer un incidente que, además de obligar a evacuar a sus ocupantes, comprometió durante horas uno de los principales corredores ferroviarios del país.
De los accidentes de enero a las nuevas quejas por el servicio
El incendio del AVE llega en un año marcado por dos graves accidentes ferroviarios. El 18 de enero, un tren de Iryo descarriló en Adamuz, Córdoba, e invadió la vía por la que circulaba un Alvia de Renfe, provocando una colisión. Dos días después, en Cataluña, un convoy de Rodalies chocó contra un muro de contención caído sobre las vías entre Gelida y Sant Sadurní d’Anoia. En este segundo siniestro murió un maquinista en prácticas y otras 37 personas resultaron heridas. Ambos episodios pusieron la seguridad ferroviaria en el centro del debate y, en la red catalana, dieron lugar a protocolos que los trabajadores siguen reclamando que se cumplan.
Ese antecedente volvió a aparecer durante las interrupciones de Rodalies de la semana pasada, tras el temporal. Los maquinistas exigieron informes sobre el estado de la infraestructura antes de retomar la circulación, mientras los pasajeros se encontraban nuevamente con servicios suspendidos y dificultades para llegar al trabajo. En una entrevista publicada el domingo por El País, el secretario general de Semaf, Diego Martín, cuestionó la coordinación entre Renfe, Adif y la Generalitat y sostuvo que los conductores no deben asumir responsabilidades de seguridad que corresponden a las empresas y administraciones.
Las críticas también llegaron desde la Asociación para la Promoción del Transporte Público. Su presidente, Carles Garcia, reclamó el 7 de octubre en SER Catalunya que se aplicaran los procedimientos acordados después del accidente de Gelida y pidió explicaciones por la repetición de los problemas. Su intervención situó el reclamo en dos planos que deben resolverse juntos: garantizar las condiciones para circular y ofrecer un servicio en el que los usuarios puedan confiar para organizar sus desplazamientos diarios.
Para los viajeros, esa discusión tiene consecuencias concretas. Los testimonios recogidos por Cadena SER Catalunya la semana pasada describían trabajadores que debían justificar sus retrasos, pasajeros obligados a volver a casa para buscar el coche y trayectos interrumpidos que exigían combinar otros transportes. Las esperas de este martes en Sants se suman a ese malestar acumulado, aunque el incendio de Ricla y las incidencias de Rodalies tengan orígenes distintos. El reclamo que atraviesa ambos servicios es contar con información clara, alternativas cuando falla la circulación y horarios que permitan llegar a destino sin reorganizar toda la jornada.
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