En efecto: las tres vacunas COVID-19 utilizadas en los Estados Unidos (Pfizer, Moderna y J&J) siguieron siendo altamente efectivas para prevenir hospitalizaciones desde abril hasta julio, cuando Delta se convirtió en dominante.
Para los adultos menores de 75 años, las inyecciones fueron al menos un 94% efectivas para prevenir hospitalizaciones, una tasa que se ha mantenido estable durante meses. La protección contra la hospitalización disminuyó para los adultos de 75 años o más, pero aún se mantuvo por encima del 80%.
Sin embargo, la protección contra infecciones o enfermedades leves parece haber disminuido levemente en los últimos meses.
“Las razones de la menor efectividad probablemente incluyan tanto la disminución de la protección de las vacunas con el tiempo, como la variante Delta”, explicó Oliver.
Los datos llegan en plena polémica por las dosis de refuerzo. Los científicos consideran que no son necesarias para la población general sino para personas con sistemas inmunes particularmente débiles. La OMS también rechaza la medida y pide que las vacunas COVID-19 lleguen cuanto antes a todos los países.
Mientras, en Estados Unidos los funcionarios de salud recomiendan que los adultos que recibieron las vacunas Pfizer o Moderna recibieran una tercera inyección ocho meses después de su segunda dosis.
Ahora se aguarda la aprobación de la FDA a las vacunas de refuerzo, en cuyo caso estarán disponibles a partir del 20 de septiembre.
Al respecto, la médica de los CDC, Sara Oliver pidió que la máxima prioridad sea la aplicación de vacunas a las personas no vacunadas.
Los nuevos datos relevados por los científicos de los CDC también incluyeron los riesgos de dos afecciones cardíacas después de la vacunación: miocarditis, una inflamación del músculo cardíaco y pericarditis, una inflamación de la membrana que rodea el corazón.
Como efectos secundarios, tienden a ser leves, temporales y poco comunes, confirmaron. Por cada millón de segundas dosis administradas a personas de 12 a 39 años, hubo de 14 a 20 casos adicionales de problemas cardíacos.
Según la doctora Grace Lee, pediatra de Stanford y presidenta del comité responsable del nuevo informe, "los datos sugieren una asociación de miocarditis con la vacuna de ARNm en adolescentes y adultos jóvenes".
No obstante, los beneficios de las vacunas son sustanciales, incluso para aquellos en los grupos de mayor riesgo.
Un estudio publicado en el New England Journal of Medicine la semana pasada informó que el riesgo de miocarditis era sustancialmente mayor después de la infección con el virus que después de la vacuna COVID-19.