La altura, entonces, aumentaría el riesgo de:
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Fibrilación articular, que es un tipo de arritmia.
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Neuropatía periférica, que es el daño en los nervios que causan debilidad, entumecimiento y dolor en manos y pies.
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Infecciones en la piel y huesos.
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Varices.
Para obtener este resultado, los investigadores tomaron datos del programa estadounidense de Asuntos de Veteranos. Usando un método para relacionar genes con funciones conocidas con la presencia de enfermedades, compararon miles de variaciones genéticas.
También hicieron lo mismo con las alturas medias, que promediaron en 176 centímetros.
Dado que estudios anteriores similares habían analizado menos de 50 rasgos y utilizaron bases de datos mucho más pequeñas, el nuevo análisis puede considerarse el más grande de su tipo.
No obstante, no significa que las personas más bajas tengan ventajas, ya que enfrentan un mayor riesgo de enfermedad coronaria, hepática, accidente cerebrovascular y trastornos de salud mental.
No hay mucho que se pueda hacer con respecto a la altura, pero saber cómo se relaciona con la salud al menos puede ayudar a poner la atención en los factores que sí se pueden modificar.
Los investigadores consideran que estudios adicionales podrían ayudar a aclarar la causalidad, identificando la bioquímica subyacente o señalando la forma en que el tamaño físico retroalimenta la funcionalidad del cuerpo.
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