Luego inyectaron la bacteria a un grupo que había estado en ayunas durante 24 horas y a otro grupo que siguió alimentándose normalmente.
Después de 24 horas, los científicos examinaron a los ratones para determinar el estado de sus infecciones por Salmonella Typhimurium.
En los roedores alimentados, la infección se expandió a través del intestino e invadió la pared intestinal, causando daño tisular. Por el contrario, los investigadores casi no encontraron la bacteria en el 40% de los ratones que hicieron ayuno. En el 60% restante, la bacteria se había expandido a través del intestino, pero había causado muy poco daño.
Cuando el equipo reanudó el régimen de alimentación normal en los ratones del grupo ayuno, sus infecciones por Salmonella recuperaron su capacidad de proliferar a través del intestino. Sin embargo, tuvieron una mínima inflamación y daño tisular.
La explicación
Ahora bien, dados los resultados, los científicos hipotetizaron sobre cuál es el vínculo causa-efecto entre el ayuno y la infección. Por un lado analizaron el PH del estómago de ambos grupos, pero no percibieron diferencias.
Entonces encontraron que el ciego era el área del tracto intestinal donde variaban los niveles de Salmonella entre el grupo ayuno y el grupo que comió normalmente. Los investigadores plantearon la hipótesis de que las bacterias intestinales en los ratones en ayunas estaban "domando" a la Salmonella Typhimurium.
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El ciego era el área del tracto intestinal donde variaban los niveles de Salmonella entre el grupo de ayuno y el grupo que comió normalmente, observaron los autores del estudio.
Para probar esto, repitieron sus experimentos con ratones criados para estar completamente libres de bacterias, incluso en sus intestinos.
El ayuno no tuvo ningún efecto sobre la Salmonella Typhimurium en estos ejemplares, lo que indica que las bacterias intestinales en los ratones normales eran responsables del efecto.
En humanos
Los científicos resaltaron que los resultados aportan una vía de investigación, pero no se traducen en humanos ya que el ayuno de los ratones en el estudio representaría a un ayuno de 10-14 días en humanos.
El nuevo paso sería estudiar a personas que se enferman, en dos grupos: uno que continúa con su ingesta calórica habitual y otro que la reduce. De esta forma se podría ver en quiénes la infección se expande más rápido.
Otra de las aclaraciones del equipo fue que muchos de los efectos beneficiosos del ayuno prolongado no se pueden trasladar al ayuno intermitente debido a que desencadenan diferentes mecanismos.
En conclusión, es posible que los profesionales de la salud no recomienden el ayuno como una herramienta antiinfecciosa actualmente. Sin embargo, el ayuno terapéutico y la restricción calórica podrían revelar formas de modular de manera beneficiosa las enfermedades gastrointestinales infecciosas. Sin duda, merece un mayor estudio.