El equipo de investigadores dirigido por Mireia Valles-Colomer y Nicola Segata de la Universidad de Trento, Italia, se enfocó en la búsqueda de la superposición en las cepas de microbios que se encuentran en los intestinos y la boca de los miembros de la familia, parejas, compañeros de casa y otros contactos sociales.
Como era de esperarse, se confirmó el fuerte vínculo entre los microbiomas de las madres y los de sus hijos, particularmente en el primer año de vida cuando comparten hasta la mitad de las cepas.
La superposición disminuye a medida que los niños crecen, pero no desaparece.
De hecho, después de los cuatro años, los menores tienden a compartir cantidades similares de cepas de microbios con su padre y madre.
Por otro lado, los investigadores encontraron que las personas que vivían juntas, sin importar su relación, tendían a tener las mismas cepas de microbios en la boca, y cuanto más tiempo vivían juntas, más compartían.
"Hemos encontrado evidencia de un amplio intercambio del microbioma intestinal y oral relacionado con el tipo de relación y estilo de vida. Los resultados sugieren que las interacciones sociales dan forma a la composición de nuestros microbiomas", señaló Valles-Colomer, primera autora del trabajo.
El estudio fue publicado en la revista científica Nature.
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