Sin embargo, aunque no lo parezca, esta dieta no solo beneficia la presión arterial sino que además se asocia a otros factores como la densidad ósea (que ocurre sobre todo en mujeres postmenopáusicas) y las enfermedades cardiovasculares.
Aquí hay algunos consejos que deben tener en cuenta a la hora de iniciarse en esta dieta:
Se reduce el consumo de harinas refinadas
La disminución de hidratos de carbono permite dar lugar a otros alimentos a favor de las fibras dietéticas (entre frutas, verduras y cereales).
La excepción es el sodio
Esto se puede lograr utilizando saborizantes sin sodio, comiendo cortes de carne magros, y prestando especial atención a las etiquetas de los productos en cuanto a su contenido en sodio.
Consumir frutas y verduras
De forma diaria, en un volumen de porciones que varíe entre 4 o 5 al día.
Evitar el consumo de grasas saturadas y aumentar el de lácteos descremados
En el informe también se afirma que el aporte de calcio podría ser vital en la regulación de la lipogénesis (proceso de síntesis de ácidos grasos y triglicéridos). Además, se ha comprobado en estos estudios que la DASH permite ayudar tanto en el control del peso, como en la regulación de depósitos de tejido graso por su alto aporte de calcio (1200 mg / día).
En conclusión, esta dieta presenta beneficios que han sido probados científicamente y otros que aún están en análisis, como su impacto en la densidad ósea de las mujeres posmenopáusicas (que son quienes más atraviesan esta situación).