Para comenzar, en la cuenta del haber, sin dudas, se destaca la Ley del Alcohol Cero, sancionada en abril de este año por el Congreso Nacional y promovida por la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), los Ministerios de Transporte y Salud y la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar), como así también por las asociaciones de familiares de víctimas de accidentes de tránsito. Entre otros ejes, la iniciativa reformó la Ley 24.449, reduciendo de 0,5 a 0 miligramos la cantidad de alcohol en sangre permitido para conducir.
Todo el proceso de trabajo arrojó como resultado un acuerdo entre distintos sectores, saltando la grieta en la que vivimos (y sufrimos), logrando la reforma de la mencionada ley. Para ello, fue clave asumir la problemática como una política de Estado partiendo de una premisa indiscutible: el alcohol, incluso desde la primera copa, afecta la aptitud para conducir.
La reforma de la Ley 24.449 rige desde mayo pasado en todas las rutas nacionales y en 18 provinciales, Buenos Aires, Catamarca, Chaco, Chubut, Córdoba, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, Neuquén, La Pampa, La Rioja, San Luis, Santa Cruz, Santiago del Estero, Río Negro, Salta, Tierra del Fuego y Tucumán.
Cuentas pendientes
En el lado del debe, se destaca la necesidad de incrementar los esfuerzos en materia de educación y concientización vial. Entre otros ejes, el Estado debe promover campañas integrales para advertir sobre los riesgos de conducir bajo los efectos del alcohol.
La razón es simple: no podemos acostumbrarnos a las cifras alarmantes como resultado, principalmente, de las malas decisiones de conductores irresponsables que manejan en estado de ebriedad y ponen en riesgo la vida propia y ajena.
Por otro lado, más allá de los avances en la normativa, los distintos actores que participamos en defensa de la concientización en seguridad vial debemos redoblar los esfuerzos en pos de una agenda común para alentar la modificación drástica de comportamientos, valores, criterios preventivos y sancionatorios.
Los efectos son múltiples: se evita las pérdidas de vida, lesiones físicas de distinta gravedad, daños materiales, sobrecarga del sistema de salud y de justicia, entre otros.
Asimismo, y en concordancia con el tema, se debe capacitar y concientizar acerca de la responsabilidad de los conductores sobre los aspectos técnicos de sus vehículos: el buen funcionamiento, uso del cinturón de seguridad y del sistema de luces, como así también, la utilización de los sistemas de retención infantil y del casco en ciclistas y motociclistas que salvan vidas. Sin dejar afuera, capítulo aparte pero muy importante, el uso indebido del celular mientras se conduce, una de las principales causas actuales de accidentes de tránsito.
Por último, creemos firmemente que vale la pena el esfuerzo para resignificar esta fecha a fin de que tome fuerza por fuera del calendario del sector automotriz, seguros o de salud, ya que es una oportunidad para movilizar a todo el colectivo social detrás de estos valores.
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