
El 9 de octubre de 2022, los satélites artificiales que orbitan la Tierra detectaron una potente emisión de rayos gamma que duró unos 20 segundos y que procedía de una fuente desconocida en el espacio.
El evento, bautizado como GRB 221009A, fue el estallido de rayos gamma más brillante jamás registrado, superando en intensidad al anterior récord, el GRB 190114C, que tuvo lugar en enero de 2019.
Según un estudio publicado recientemente por un equipo internacional de investigadores, el GRB 221009A no solo iluminó el cielo, sino que también causó una fuerte perturbación en la ionosfera de la Tierra, a unos 500 kilómetros de altura.
Los científicos analizaron los datos de varios instrumentos que miden la densidad de electrones en la ionosfera y observaron que hubo una disminución significativa de la misma en la zona afectada por el estallido de rayos gamma.
Estos iones, a su vez, se recombinaron rápidamente con los electrones libres, reduciendo la cantidad de partículas cargadas en la ionosfera. Este proceso alteró las propiedades eléctricas y magnéticas de la región, lo que podría tener consecuencias para la comunicación por radio y el funcionamiento de los satélites.
Los rayos gamma son ondas electromagnéticas de muy alta frecuencia y muy corta longitud de onda, que se producen por fenómenos extremos en el universo, como la fusión de estrellas de neutrones, la formación de agujeros negros o las explosiones de supernovas.
Estos rayos tienen una gran capacidad de penetración y pueden dañar el ADN de las células vivas, provocando mutaciones o cáncer.
Los rayos gamma que llegan a la Tierra desde el espacio son en su mayoría absorbidos por la atmósfera, especialmente por la ionosfera, una capa que se extiende entre los 50 y los 400 kilómetros de altura y que está formada por partículas cargadas eléctricamente.
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Los científicos aseguran que el GRB 221009A no representó una amenaza para la vida en la Tierra, ya que la dosis de radiación que recibimos fue muy baja y la perturbación ionosférica fue transitoria y localizada. Sin embargo, advierten que este tipo de eventos son impredecibles y podrían ocurrir con mayor frecuencia en el futuro, debido a la expansión del universo y al aumento de la sensibilidad de los instrumentos de detección.
Por eso, es importante estudiar los efectos de los rayos gamma en la atmósfera y en el clima de nuestro planeta, así como desarrollar sistemas de alerta temprana y de protección para los satélites y las redes de comunicación.
Los rayos gamma son una ventana al universo más violento y misterioso, pero también un desafío para la ciencia y la tecnología.
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