"Como ganar la lotería cósmica"
Las supernovas son las explosiones más grandes que registra el universo. Son difíciles de observar desde la Vía Láctea porque el polvo interestelar bloquea su luz, y tienen una ventana de visibilidad corta. Por eso, aunque los astrónomos llevan décadas intentando capturar su momento inicial, ninguno lo había conseguido.
El astrónomo Alex Filippenko, de la Universidad de California, describió el hallazgo de Buso con esa frase que ya circula en la comunidad científica: "como ganar la lotería cósmica". No es hipérbole: la probabilidad de estar apuntando exactamente ahí, exactamente en ese momento, es estadísticamente casi inexistente.
Buso tenía 58 años, no habla inglés y nunca había lanzado una alerta a la Unión Astronómica Internacional. Pero sabía que si tardaba, alguien más reclamaría el descubrimiento. Consiguió ayuda de Sebastián Otero, un argentino que colabora con la Asociación Estadounidense de Observadores de Estrellas Variables, quien redactó y envió el aviso esa misma noche.
Qué confirmaron sus fotos
El hallazgo no fue solo un dato curioso para la historia de la astronomía amateur. Las imágenes de Buso — junto a las captadas por otros telescopios que apuntaron al lugar tras la alerta — permitieron confirmar experimentalmente que las supernovas atraviesan tres fases diferenciadas.
En la primera, que dura minutos u horas, la luz emerge violentamente hacia la superficie estelar y el brillo aumenta a ritmo acelerado. En la segunda, de algunos días de duración, el objeto se enfría. En la tercera, el decaimiento radiactivo lo recalienta durante semanas.
"En los últimos años se dedicaron muchos esfuerzos para detectar supernovas lo más temprano posible, pero sin éxito", explicó Melina Bersten, investigadora del CONICET que firmó el artículo en Nature. "De hecho, algunos astrónomos comenzaban a dudar de la existencia de esta etapa."
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El nombre de Buso figura entre los autores.
El estudio fue publicado en febrero de 2018, diecisiete meses después de la noche en que Buso apretó el disparador sin saber lo que estaba mirando. Lo firmaron investigadores del CONICET, del Instituto de Astrofísica de La Plata, del Instituto Argentino de Radioastronomía, de la Universidad Nacional de Río Negro, y de instituciones de Estados Unidos, Japón y el Reino Unido.
La ventaja de no ser profesional
El cerrajero rosarino construyó su primer telescopio a los 11 años con lupas del trabajo de su madre. Nunca estudió astronomía de manera formal — la carrera requería mudarse a ciudades a 500 kilómetros de Rosario — pero lleva décadas observando el cielo desde el Observatorio Busoniano, una cúpula que nace del techo de su propia casa.
Cuando le preguntan si lamenta no haber seguido la carrera científica, su respuesta es precisa: "Ser astrónomo tiene ciertas deficiencias... te exigen que estudies tal cosa. Y a mí lo que me permitió descubrir esta supernova fue la libertad de poder apuntar a lo que yo quiera."
Esa libertad — la de un aficionado sin agenda institucional — fue exactamente lo que la ciencia profesional no pudo replicar en décadas de intentos.
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