Técnicamente, el N1 es un reactor de agua presurizada capaz de generar 17 mega watts. Así, una sola unidad sería capaz de brindar energía eléctrica a una ciudad mediana tipo del interior del país, rondando los 50.000 habitantes.
Por otra parte, el invento argentino se destaca por no depender del agua para la refrigeración del reactor. Así, el N1 rompería la barrera histórica a nivel geográfico de la instalación de reactores cerca de cursos de agua para la refrigeración, eliminando buena parte de los riesgos de contaminación.
Además, la vida útil del N1 también sería una ventaja. Según Nuclearis, el invento podría tener una vida media sin mantenimiento de entre 20 y 30 años hasta la necesidad de cambiar el combustible nuclear.
Con esos y otros beneficios previstos, Nuclearis salió al mundo en busca de financiación para su proyecto, instalando oficinas en distintos países como Estados Unidos y China. Según una estimación de la empresa en anticipo a El Cronista, el modelo inicial tendría un costo estimado de 500 millones de dólares, lo que podría reducirse a medida que pasen las etapas de producción.
De esa manera, la entrada de Argentina al negocio nuclear podría estar cerca. Más aún teniendo en cuenta que desarrollos como el N1 provienen de mentes locales, formadas y empleadas en el país.