Suelo no ser tan optimista con el uso de la IA, ya que su implementación avanza sobre terrenos que han sido exclusivos de condición humana –como la creación artística– y que se utiliza, cada vez más, con fines nocivos, con o sin conciencia del usuario: engaños, estafas, manipulación de los medios y fines bélicos, entre otras lindezas.
Sin embargo, en medicina, la IA viene a simplificar un problema que apabullaba a los médicos: la cantidad de nuevas enfermedades. Un profesional con 20 años de experiencia –es decir, que salió de la facultad, hizo el internado, la residencia, los exámenes de la especialidad elegida, etc., etc. (y todo por US$ 4 a US$ 10 que le pagan por consulta, aunque ese no sea el tema del día)–, probablemente hayan estudiado más o menos 4.000 enfermedades.
Pero hay que saber que la IA no es infalible; los algoritmos pueden ser inicialmente erróneos y su uso puede llevar a una escasa transparencia en el manejo, a violar la privacidad y seguridad, además de dejar un vacío legal, que probablemente los abogados se encarguen de llenar.
Deudral
De acá en más, la atención técnica estará estandarizada, las diferencias diagnosticas serán menores porque estarán basadas en algoritmos, y muy probablemente la cirugía robótica tenga adelantos significativos (no sé si para remplazar a un cirujano cuya calidad profesional está en resolver complicaciones...). Por esto no resulta extraño que, desde la década del '50, haya existido un sistema experto conocido como Deudral, que recién se expandió con la tecnología en los '90 y ahora se va a generalizar.
Entonces, ¿qué es lo que buscará el paciente en un médico? Empatía, comprensión y contención.
Podrán existir robots que expliquen, que guíen al paciente, pero la conexión humana, el trato cordial y ameno, el entretenimiento de los miedos, la palabra amable, la palmada en el hombro cuando se necesita… toda esa inmensa condición humana estará en manos de un médico quien no solo sabrá sobre su especialidad, sino que deberá contar con una formación psicológica y humanista para ofrecer su mejor servicio.
Todo esto no podrá ser concebido sólo por los algoritmos. La realidad de una persona enferma no se puede limitar a la lógica booleana (comparar variables contras los criterios que se defina para determinar si las variables lo cumplen). Tampoco se limita a la lógica aristotélica de la deducción o de la inferencia, ni a la lógica matemática, proporcional o computacional.
La creación de vínculos humanos es un procedimiento complejo donde interviene una comunicación no verbal, el manejo del lenguaje que se analizará en cada caso y hasta un componente hormonal (oxitocina) y de neurotransmisores. Es decir, una combinación tan azarosa y misteriosa como la misma humana.
De allí que entre los numerosos cambios que los médicos deberán afrontar (y que no han sido formados para ellos por otros médicos mayores que añoran los tiempos idos), se impone la libertad de elección de los profesionales. Porque, si bien la experiencia clínica no perderá su valor (por el contrario, el reconocimiento de patrones patológicos y la semiología psicológica serán de inestimable ayuda para establecer una relación empática), la formación de nuevas generaciones bajo criterios que no son lo mismo que los clásicos, será un paradigma en un mundo donde todo puede cambiar vertiginosamente y el cúmulo de información es cada día más difícil de absorber.
Por eso, adiós Dr. House.
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Omar López Mato es miembro de CAMEOF (Cámara de Medicina Oftalmológica).
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