En aquellas cartas provenientes de Moscú se planteó no retirar rentabilidad para dar tranquilidad en el delicado frente cambiario argentino y hasta la compensación con GNL. Para ello, Rusia puso a disposición el Development Bank (Banco de Desarrollo) del BRICS, entendiendo justamente que la Argentina insiste con entrar al bloque nuclea a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
A su vez, pidió soja y participar de una parte de la construcción del gasoducto Néstor Kirchner, que en esta primera etapa se extenderá a lo largo de 558 kilómetros con una inversión estimada en USD 1.500 millones para unir las localidades de Tratayén, en Neuquén, con Salliqueló, en el centro oeste de Buenos Aires, para luego en una segunda etapa extenderse hasta el sur de la provincia de Santa Fe.
Todo el mundo sabe que Techint no tiene cuenta con la suficiente infraestructura para hacer todo el gasoducto en los tiempos que la Argentina necesita para exportar cuanto antes el gas al mundo y autoabastecer el mercado interno. Es obvio que la Argentina va a tener que contratar a otras empresas para poder acelerar el proyecto.
En medio de todo esto, renuncia nada menos que Antonio Pronsato, funcionario que estaba a cargo de la unidad ejecutora de Enarsa a cargo del proyecto.
Contaron a este medio que, como ni Fernández ni Kirchner ni Guzmán respondieron, funcionarios locales tendieron puentes entre el subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo y la delegación de una importante metalúrgica rusa. Incluso, la reunión se agendó, pero fue postergada. Ya es la tercera cancelación del funcionario. Solo se trata de escuchar la oferta para hacer el gasoducto y luego indicar los pasos administrativos correspondientes.
También ofrecen los rusos una repotenciación de la represa Hidroeléctrica Salto Grande, ubicada en el curso medio del río Uruguay, unos 15 km al norte de las ciudades uruguaya y argentina de Salto y Concordia, respectivamente.
Resulta hasta insólito que el presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, a quien en la Argentina ponderan por estar cerca alineado con los Estados Unidos, comercialice con China a través del Banco de Desarrollo del BRICS, mientras el presidente Fernández, que pide entrar al bloque, no realiza siquiera un gesto para ello, además de tratarse de negocios clave que necesita la Argentina.
Se preguntan dentro del propio Frente de Todos:
¿Para qué quiere ir Alberto a hablar a la cumbre del BRICS el 24 de junio? ¿Para qué quiere ir Alberto a hablar a la cumbre del BRICS el 24 de junio?
Tampoco se entiende en ambos cuerpos diplomáticos -argentino y ruso- qué quiso decir con eso de que la Argentina iba a ser la puerta de entrada de Rusia a América latina, cuando en realidad el país restringió comercio con China y Rusia desde la llegada del Frente de Todos a la Administración Nacional.
Así las cosas, Argentina no cierra con USA avances en la agenda. Tampoco la rechaza, coquetea con el BRICS, pero no hace nada. No concreta negocios que son muy importantes para que el país no se queda sin gas, sin luz, sin dólares... Eso es en términos gráficos la grieta. Un verdadero tiro en el pie.
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