Solo horas antes del arresto, Boluarte desactivó el grupo policial que apoyaba a los fiscales anticorrupción. Asimismo, los medios locales revelaron que presionó a autoridades para que se le informara sobre las acciones contra ella y su hermano.
En la causa 'Relojes Rolex' se investiga a la mandataria peruana por supuesto enriquecimiento ilícito; en 'Los waykis en la Sombra' es la presunta instigadora y autora, respectivamente, del delito contra la administración de justicia, en la modalidad de encubrimiento personal.
Evasiva
En la conferencia de prensa que brindó el lunes (8/07), según El Comercio, Boluarte se mostró evasiva y no respondió ninguna pregunta respecto a las acusaciones judiciales que recaen sobre ella y su gobierno.
“Disculpen la sonrisa. Estamos hablando de cosas tan importantes como traer tecnología de China al Perú y estas preguntas tendenciosas no ayudan y no generan interés en la población”, dijo la mandataria en referencia al reciente encuentro con el presidente Xi Jinping en el que se firmaron siete acuerdos bilaterales para fortalecer las relaciones entre China y Perú.
Entre los temas que discutieron, según el País, “ la posibilidad de implementar robots cirujanos en hospitales peruanos, el convenio para formar a 20.000 talentos nacionales en la multinacional Huawei y la importancia del megapuerto de Chancay como un hub logístico”.
Sin embargo, los reporteros inconformes querían que hablara sobre al “caso Rolex”. Boluarte se limitó a decir: “Nosotros estamos colaborando abiertamente con el Ministerio Público, asistiendo a cada diligencia y seguiremos haciéndolo. No solo por el tema Rolex, sino por las tantas carpetas que me han abierto por cada noticia que sale en la prensa”.
Según la justicia, los relojes de lujo que presumió en los actos oficiales, fueron dádivas para obtener partidas presupuestales y no préstamos del gobernador regional, Wilfredo Oscorima.
Asimismo, Dina Boluarte está en el ojo de la tormenta ya que, según medios peruanos, actúa en complicidad con el Congreso para dejar impunes a los responsables de delitos de lesa humanidad.
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Dina Boluarte intentó en vano tapar el escándalo con el robustecimiento bilateral con China.
En la conferencia de prensa le preguntaron sobre la aprobación del proyecto de ley mediante el cual prescribirán los delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra antes del 2002, beneficiando así al expresidente Alberto Fujimori, decenas de militares y terroristas. Ella se limitó a decir: “Vamos a esperar que oficialmente el Congreso remita al Ejecutivo esta norma. No es conveniente adelantar opinión de algo que no tenemos entre manos”.
Para contextualizar, la mandataria remitió junto con el presidente del Parlamento, Alejandro Soto, una carta conjunta a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) en la que rechazan “de manera categórica” la resolución de este tribunal sobre la ley aprobada en el Parlamento que limita los delitos de lesa humanidad.
En este sentido, el periodista César Hildebrandt a través de su canal de Youtube dijo que Boluarte es rehén del congreso. “La han maniatado, amordazado, amarrado a un palo, y le han dicho: ‘Tú vas a hacer lo que nos da la gana’. Eso se lo ha dicho Keiko Fujimori, Renovación Popular y hasta Somos Perú, por no decir Acuña y los suyos”.
Y añadió: “El Perú se está pudriendo y tiene que llegar al punto de producir su antídoto. Este es el peor gobierno de la historia porque nos gobierna el hampa”.
También la peruana fue consultada por su larga ausencia de 12 días a mediados del 2023 para realizarse una serie de cirugías estéticas sin comunicárselo al Congreso y dejando vacante la presidencia durante varios días.
Otra vez respondió, incómoda, con risas: “Ya quisiera desaparecerme un solo minuto y no hacer mi trabajo como presidenta”.
El Comercio en una editorial opinó sobre la evasión de la peruana: “Son precisamente estas interrogantes las que deben ser aclaradas por el bien de su gobierno, y son justamente eventos como el celebrado el lunes el lugar indicado para hacerlas, pues se ha vuelto muy difícil poder verla frente a un micrófono”.
“La presidenta estuvo 93 días sin hablar con los medios, una marca peligrosamente cercana a la de su antecesor, que se pasó 100 días sin declarar a la prensa. Mal haría la señora Boluarte en seguir ese ejemplo”.
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