En todos los casos, los links a los papers están rotos o redirigen a páginas inexistentes, y en varios ejemplos los números de volumen o edición de las revistas ni siquiera coinciden con los contenidos reales. O sea, sarasa pura.
Y como si fuera poco, muchos de los estudios reales que sí se citaron fueron distorsionados para decir cosas que los autores jamás concluyeron, algo que también se repite en otras secciones del informe.
Congreso en llamas y excusas ridículas desde Casa Blanca
Como era de esperar, la reacción en el Congreso de Estados Unidos no demoró y varios senadores demócratas salieron al cruce, enojados pero no sorprendidos. "Inventar estudios científicos para justificar teorías conspirativas es inadmisible. RFK tiene que renunciar", disparó la senadora Angela Alsobrooks. Y el senador Tim Kaine fue aún más directo: "Estoy decepcionado, pero no sorprendido. Este informe confirma nuestras peores sospechas".
Mientras tanto, desde el gobierno intentaron bajarle el tono al escándalo. Karoline Leavitt, la vocera de la Casa Blanca, dijo que todo se debía a "problemas de formato". Desde el Departamento de Salud tampoco respondieron a las preguntas de NOTUS, aunque después sacaron una nueva versión del informe con algunas correcciones.
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Los demócratas explotaron por el informe trucho mientras desde Casa Blanca, la vocera presidencial lo atribuyó a "problemas de formato".
Pero lo peor es que no se trataba solo de errores técnicos, sino de una tendencia preocupante: citas armadas, autores inventados y estudios reales mal interpretados. La investigadora australiana Joanne McKenzie explicó que su trabajo fue usado para decir algo que nunca analizó: "No comparamos la efectividad de la terapia. Solo evaluamos antidepresivos y placebo". Otro estudio citado como prueba de que los antipsicóticos en chicos subieron un 800%, en realidad hablaba de un aumento entre 1995 y 2005, no de 1993 a 2009 como decía el texto.
Y para coronar el show, la investigadora Mariana G. Figueiro contó que el informe tergiversó su estudio sobre pantallas y sueño en niños, cuando en realidad era sobre universitarios y fue publicado en otra revista.
Con este nivel de desinformación, el informe quedó totalmente deslegitimado, y las críticas apuntan directamente a la falta de seriedad del secretario. Aun así, Kennedy lo defendió en redes como un "hito histórico" en salud pública. Lo más insólito: en agosto se espera una segunda parte del informe, titulada "Make Our Children Healthy Again". Si sigue por el mismo camino, va derecho al podio de los papelones científicos.
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