La historia
La tradición indica que el viernes 27/12/1673, Margarita de Alacoque tuvo su primera visión de Jesús, que se repetirían por 2 años más. Ella llevaba 14 años en el convento de las visitandinas de Paray-le-Monial.
"Tú debes procurar desagraviarme", fue el mensaje. Según ella, la imagen que Cristo le mostraba era el de un Corazón en llamas, coronado de espinas y con una herida abierta de la que brotaba sangre. De su interior, brotaba una cruz.
El 17/06/1689, Margarita de Alacoque escribió que el deseo de Jesús era que el rey de Francia consagrase el país a su Sagrado Corazón. Luis XIV rechazó realizarlo.
A partir de entonces, la vida de la religiosa estuvo enfocada en difundir la devoción hacia el Sagrado Corazón de Jesús, algo que consiguió con la ayuda de su director espiritual, el jesuita Claudio de la Colombiere; y el teólogo, también jesuita, Juan Croisset.
Antes de morir, Margarita de Alacoque logró que su comunidad celebrara la fiesta del Sagrado Corazón.
Años antes, en 1672, Juan Eudes fue el primero en oficiar una misa propia del Sagrado Corazón y contó con el beneplácito de muchos obispos franceses.
Las visiones de Margarita de Alacoque se fueron extendiendo por Europa y Pío IX decretó oficialmente esta fiesta en la Iglesia latina.
Jesuitas
El Papa, de origen jesuita, dedica algunos pasajes de la Encíclica al lugar del Sagrado Corazón en la historia de la Compañía de Jesús, subrayando que en sus Ejercicios Espirituales, Ignacio de Loyola propone al ejercitante "entrar en el Corazón de Cristo" en un diálogo de corazón a corazón.
En diciembre de 1871, el padre Peter Jan Beckx consagró la Compañía de Jesúa al Sagrado Corazón de Jesús, y el padre Pedro Arrupe volvió a hacerlo en 1972.
Las experiencias de Faustina Kowalska, se recuerda, vuelven a proponer la devoción "con un fuerte acento en la vida gloriosa del Resucitado y en la misericordia divina" y, motivado por ellas, Juan Pablo II también "vinculó íntimamente su reflexión sobre la misericordia con la devoción al Corazón de Cristo".
Hablando de la "devoción de consolación", la Encíclica explica que ante los signos de la Pasión conservados por el Corazón del Resucitado, es inevitable "que el creyente desee responder" también "al dolor que Cristo aceptó soportar por tanto amor".
Y pide "que nadie se burle de las expresiones de fervor creyente del pueblo fiel de Dios, que en su piedad popular busca consolar a Cristo". Para que entonces "deseosos de consolarlo, salgamos consolados" y "también nosotros podamos consolar a los que se encuentran en toda clase de aflicciones".
Mensaje
El Papa señala que la actual devaluación del corazón proviene del "racionalismo griego y precristiano, del idealismo postcristiano y del materialismo", de modo que en el gran pensamiento filosófico se han preferido conceptos como "razón, voluntad o libertad".
Y al no encontrar lugar para el corazón, "ni siquiera se ha desarrollado ampliamente la idea de un centro personal" que pueda unificarlo todo, a saber, el amor. En cambio, para él, hay que reconocer que "yo soy mi corazón, porque es lo que me distingue, me configura en mi identidad espiritual y me pone en comunión con los demás".
Es el corazón "el que une los fragmentos" y hace posible "cualquier vínculo auténtico, porque una relación que no se construye con el corazón es incapaz de superar la fragmentación del individualismo".
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