Pelayos de la Presa perdió cerca del 74% de su territorio, San Martín de Valdeiglesias vio arder más de 7.000 hectáreas y Fresnedillas de la Oliva sufrió daños en más del 43% de su término municipal. Aldea del Fresno, Chapinería, Cenicientos, Robledo de Chavela, Villa del Prado y Cadalso de los Vidrios también forman parte de una lista de localidades que ahora deben recuperar viviendas, explotaciones rurales, carreteras, telecomunicaciones y buena parte de su entorno natural.
Aunque el incendio fue declarado estabilizado, la emergencia todavía no terminó para todos. Siete urbanizaciones próximas al embalse de San Juan permanecían sin autorización para el regreso de sus vecinos, mientras decenas de personas continuaban alojadas en hoteles porque sus casas no reunían condiciones de seguridad. La Comunidad de Madrid ya anunció un plan de recuperación y una partida urgente de 30 millones de euros para atender a las familias damnificadas, un proceso largo al que ahora se suma la donación del capitán argentino.
Isabel Díaz Ayuso agradeció públicamente el gesto de Messi y aseguró que Madrid espera recibirlo para reconocer su ayuda.
FOTO: OSCAR DEL POZO / AFP
Soldaduras y un vehículo incendiado: el origen bajo investigación
El desastre de la Sierra Oeste no comenzó en un único punto. El 24 de julio terminaron fusionándose los incendios activos de Almorox, Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias, hasta formar un frente de enormes dimensiones que atravesó distintos municipios de Madrid, Toledo y Ávila.
La Guardia Civil atribuye el foco iniciado en Almorox, que después avanzó sobre Villa del Prado, a unos trabajos de soldadura realizados sobre una estructura metálica dentro de una finca situada en terreno forestal. Dos hombres, de 51 y 42 años, fueron detenidos como presuntos responsables de un incendio provocado cuando el riesgo de propagación era extremo.
El frente de San Martín de Valdeiglesias habría tenido otro origen: un vehículo comenzó a arder junto a la carretera M-501 y las llamas se extendieron rápidamente hacia la vegetación. La combinación de esos focos, el viento, las altas temperaturas y la sequedad del terreno terminó convirtiendo varios incendios independientes en una sola emergencia de alcance histórico para la región.
De Cataluña a Francia: el verano de fuego que golpeó a Europa
La Sierra Oeste fue uno de los epicentros de una emergencia que atravesó buena parte del continente. Entre el 13 y el 28 de julio, los incendios quemaron alrededor de 140.000 hectáreas en España, principalmente por los grandes frentes de Ávila, Madrid y Toledo, La Mierla, en Guadalajara, y Castellón. Burgohondo superó las 50.000 hectáreas arrasadas, mientras otras zonas de Castilla y León, Extremadura y la Comunidad Valenciana también sufrieron evacuaciones y pérdidas agrícolas millonarias.
La Sierra Oeste de Madrid, reducida a un paisaje de cenizas después de los incendios que arrasaron miles de hectáreas y golpearon a numerosos municipios.
FOTO: OSCAR DEL POZO / AFP
Cataluña también permaneció durante semanas bajo una situación de peligro extremo. La Generalitat llegó a activar el nivel 4 del Pla Alfa, restringió el acceso a espacios naturales y suspendió actividades capaces de provocar chispas o fuego en numerosos municipios. El descenso de las temperaturas permitió controlar los principales focos y reabrir parte de las áreas cerradas después de 31 días de máxima vigilancia, aunque el riesgo no desapareció por completo.
La situación fue todavía más dramática al otro lado de los Pirineos. En Gironda, cerca de Burdeos, el mayor incendio de la historia reciente de Francia quemó unas 42.000 hectáreas y obligó a evacuar a más de 220.000 personas. Miles de bomberos, militares y una veintena de aeronaves trabajaron durante días contra un frente alimentado por temperaturas de hasta 41 grados, fuertes vientos y una humedad extremadamente baja.
El fuego encontró un terreno preparado por sucesivas olas de calor, la sequedad de la vegetación y un invierno lluvioso que había multiplicado el combustible disponible. Francia terminó julio con una temperatura media de 24,9 grados, el mes más caluroso desde que comenzaron los registros nacionales en 1900. Los incendios fueron finalmente estabilizados en varias regiones, pero el verano dejó una advertencia difícil de ignorar: las llamas que arrasaron Madrid formaron parte de una crisis climática y territorial que ya no reconoce fronteras.
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