O sea que Toledo era quien aceptaba o rechazaba los pedidos de préstamos de los grandes grupos empresariales. A fines de 2011, él dejó el banco después de 30 años de carrera, a causa de haber recibido una invitación para dirigir una entidad financiera privada, cargo que asumiría luego de cumplir con una cuarentena a que lo obliga la legislación sobre ética pública.
El ex vicepresidente del Banco de Brasil, Allan Toledo, dijo ser el administrador de la jubilada y que abrió la cuenta bancaria para gestionar el dinero proveniente de la venta de una residencia de Fosca Zerey, localizada en Novo Brooklin (São Paulo), al empresario Wanderley Mantovani.
La documentación de catastro de la Municipalidad de São Paulo, sin embargo, demuestra que la residencia continúa a nombre de Liu Mara Fosca Zerey. No hay registro público de venta de la propiedad y la jubilada sigue viviendo en la casa, 1 año y 2 meses después de la supuesta transacción.
La investigación de Andreza Matais, para el diario Folha de S. Paulo, apunta a que el dinero que recibió el entonces ejecutivo del Banco do Brasil fue un pago de favores de parte del grupo Marfrig, uno de los mayores holdings alimentarios brasileños.
Lo cierto es que, además de la gravísima sospecha de corrupción, Allan Toledo fue víctima de una ruptura del secreto bancario en el banco al que sirvió como uno de sus principales ejecutivos durante 30 años.
En 2006, cuando Francenildo Costa sufrió la ruptura del secreto bancario en la también estatal Caixa Econômica Federal, para revisar sus movimientos bancarios, él consiguió velozmente comprobar el origen lícito de sus recursos: hijo no reconocido, había recibido depósitos de parte de su padre biológico que vivía en el estado Piauí, y buscaba una reconciliación.
O sea que, además de haber sido víctima de una ruptura del secreto bancario, él tuvo que soportar que su vida privada quedara expuesto a todo el país.
¿Y Allan Toledo?
De acuerdo a su versión de los hechos, huérfano de madre desde los 8 años, él gozó de la ayuda durante mucho tiempo de su madrina, Liu Mara Zerey, quien no tiene hijos ni herederos naturales.
En 2010, cuando ella recibió el diagnóstico de cáncer, desde el lecho del hospital, transfirió la administración de sus bienes a Allan Toledo, a quien designó su heredero universal.
Liu Mara también pidió que él vendiese un inmueble, en Vila Olímpia, en São Paulo, y administrase los recursos para pagar su tratamiento: hasta el presente, ella se somete a sesiones de quimioterapia.
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El inmueble, a su vez, habría sido vendido a un empresário llamado Wanderley Mantovani, vinculado a Marcos Molina, de Marfrig.
Pero Toledo insiste en que no hay ilícito alguno en la transferencia. Los depósitos citados por Folha se refieren a la venta de una vivienda, legítimamente heredada por el ex vicepresidente del BB y el dinero fue aplicado a la salud de la ex dueña todavía paciente, a pedido de ella.
"Lo que ahora debe conocerse es cómo se vulneró el secreto bancario y todo llegó a la prensa", reclamó el investigador José Roberto Batochio.
Toledo promete acciones legales contra la ruptura del secreto bancario, y afirma contar con los elementos apropiados ya que cuando él recibió el dinero por la venta de la casa de Liu Mara, le comunicó al gerente de esa sucursal sobre el movimiento atípico que ocurriría, y justificó ante él los recursos.
A comienzos de 2012, él recibió otro depósito atípico, casi R$ 1 millón (US$ 587.751), por derechos laborales luego de 30 años en el Banco do Brasil.
Él afirma que el dato desnuda otra incoherencia de la investigación publicada por el diario Folha porque ¿puede investigarse a Toledo por haber recibido un dinero de parte de su empleador, Banco do Brasil, al desvincularse en forma amigable luego de 30 años de servicio?
En el remolino informativo queda expuesto Ricardo Oliveira, el vicepresidente del BB a cargo del área de gobierno, Nº1 de facto en el banco aunque prefiere mantenerse en la sombra.
Amigo del ex tesorero tucano (o sea del opositor PSDB), Ricardo Sérgio de Oliveira; del ex tesorero petista (o sea del oficialista PT) Delúbio Soares; del ministro Gilberto Carvalho, y de muchos diputados federales, a quienes asiste segun sus necesidades, en especial en días de proselitismo, Ricardo Oliveira se encuentre en el nudo del poder. Demostración de su fortaleza política: avaló la designación de los 2 anteriores presidentes del Banco do Brasil: Lima Neto y Aldemir Bendine.
Pero casi nadie conoce el rostro de Ricardo Oliveira en Brasília, porque él no utiliza aviones de línea.
"Dueño" del BB, Ricardo Oliveira intentó, en el interín entre Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, extender sus dominios hasta la minera Vale. Su plan era que Paulo Rogério Caffarelli, presidente da Previ (la administradora de fondos previsionales de empleados del BB), propondría a Aldemir Bendine, presidente de BB como nuevo presidente da Vale.
Y al frente del BB quedaría otro ejecutivo propuesto por Ricardo Oliveira -probablemente Alexandre Abreu-. Pero el plan no funcionó porque Lula no propuso a Caffarelli para Previ, sino que eligió a Ricardo Flores, quuien a su vez no propuso a Bendine para la presidencia de Vale.
Desde entonces en el BB se afirma que Ricardo Oliveira alimenta en la prensa una supuesta guerra entre Aldemir Bendine y Ricardo Flores. Todas las designaciones recientes en el BB, incluyendo la salida de Allan Toledo y de 13 directores, fueron capítulos sucesivos de la paranoia de Ricardo Oliveira, un simpatizante de la teoría de guerra en base a ataques preventivos.
En su esquema aparece a la agencia de comunicación Companhia de Notícias, del empresario João Rodarte, quien se aproxima a los periodistas, pero en el caso de Allan Toledo, que provocó Folha, el tiro ha salido por la culata porque la ruptura del secreto bancario tendrá consecuencias en Brasil.
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La marca de Oliveira en la nota de Andreza Matais, desde Brasilia, es muy evidente. Y además ahora se entiende cierto sobre sobre el supuesto origen de la información de Folha de S. Paulo:
"(...) el presidente del Banco do Brasil, Bendine, hombre de confianza del ministro de Hacienda, Guido Mantega, acusa al presidente de Previ, Ricardo Flores, de conspirar para derrumbarlo.
El grupo de Flores dice que el presidente del BB quiere un aliado para influir en la asignación de los recursos del fondo de pensión.
Uno de los indicios detectados por la cúpula del banco de que había un movimiento para derrumbar a Bendine el año pasado fue la fuga informativa hacia la prensa de informaciones sobre la compra del Banco Postal por el BB, en 2011.
Un reportaje de la revista Época sugirió que el negocio habría sido mal conducido por Bendine, y sus amigos sugirieron el dedo de Toledo en el material publicado. Pocos ejecutivos del BB tenían informaciones sobre la transferencia. Toledo, quien se aproximó a Flores en los últimos meses, era el vicepresidente mejor informado sobre el asunto y por eso las sospechas recayeron sobre él. Toledo niega haber participado en la filtración".)