El estrecho de Ormuz y la batalla energética: ¿bloqueo real o guerra psicológica?
La previa de la cumbre en Suiza estuvo marcada por una fuerte demostración de fuerza militar en el Golfo Pérsico. El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán y la Guardia Revolucionaria Islámica anunciaron de forma conjunta el cierre del estrecho de Ormuz al tráfico marítimo comercial. Según un comunicado oficial difundido por la agencia de noticias iraní Mehr, el mando militar justificó la medida punitiva como respuesta a una "clara violación de la confianza" por parte de Washington y las continuas operaciones de Israel en territorio libanés, calificando el bloqueo como un "primer paso".
La Guardia Revolucionaria advirtió formalmente a las embarcaciones internacionales que no se aproximaran a la vía marítima, argumentando que la seguridad de los buques correría peligro. Al respecto, la agencia de noticias Tasnim, citando a fuentes cercanas al equipo negociador de Teherán, ratificó que el estrecho de Ormuz no se reabrirá hasta que se respete el alto el fuego en el Líbano y se concedan de forma efectiva exenciones a las ventas de petróleo iraní. En sintonía, Mojtaba Khamenei, asesor del líder supremo de Irán, advirtió a través de los medios estatales que los flujos energéticos de Oriente Medio seguirán interrumpidos si el acuerdo bilateral "se queda solo en el papel".
A pesar de las amenazas directas sobre una de las rutas fluviales más vitales para el suministro de crudo del planeta, la Casa Blanca relativizó el impacto de los anuncios. En su entrevista con Fox News, JD Vance aseguró que Washington no ha visto ninguna prueba fáctica de que el estrecho de Ormuz esté cerrado o de que el tráfico comercial sufriera interrupciones.
Esta postura fue respaldada por el Pentágono. Un portavoz del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) declaró de forma tajante el sábado que "Irán no controla el estrecho de Ormuz" y que las fuerzas de Trump mantienen un patrullaje activo para garantizar la libre navegación.
El reporte militar norteamericano detalló que durante la jornada del sábado el tránsito comercial incluso se incrementó, registrándose el paso de 55 buques mercantes con más de 17 millones de barriles de petróleo.
El propio presidente estadounidense, Donald Trump, intervino en la polémica mediante una publicación en su red social Truth Social. Trump aseguró de forma contundente que no se permitirán imposiciones de peajes a los barcos durante el período de tregua de 60 días ni posteriormente.
Sin embargo, lanzó una fuerte advertencia: si el pacto definitivo con Irán fracasa, Estados Unidos evaluará aplicar gravámenes a los países de Oriente Medio "por los servicios prestados como ángel guardián" para compensar los costos operativos de seguridad.
El frente de Líbano y la cláusula de la discordia que traba el pacto
El principal escollo para un avance definitivo en Burgenstock radica en la interpretación de la primera cláusula del memorando de entendimiento firmado por Donald Trump y su par iraní, Masoud Pezeshkian, el cual busca poner fin a cuatro meses de hostilidades. De acuerdo con datos brindados por cadenas internacionales y agencias de noticias, dicha cláusula menciona específicamente al Líbano en tres oportunidades, exigiendo un "cese inmediato" de los combates en todos los frentes y obligando a las partes a salvaguardar la integridad territorial libanesa.
Un funcionario de Teherán confió a la cadena internacional CNN que poner fin al conflicto en el Líbano es "el punto más importante en la agenda de la delegación iraní". Para el gobierno de Irán, la sesión inaugural reportada por CBS News debe tratar con urgencia la situación en Beirut, debido a que no consideran válidas las negociaciones técnicas si continúan las hostilidades bélicas sobre el terreno. Fuentes periodísticas locales de Medio Oriente informaron que tan solo el sábado, los bombardeos israelíes provocaron la muerte de al menos 23 personas en el sur del Líbano.
La realidad sobre el terreno muestra un flagrante incumplimiento de los anuncios políticos. Fuentes de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPUHNUL) confirmaron que el pasado viernes se registró el pico de violencia más alto en más de dos meses, contabilizando más de 1.000 lanzamientos de proyectiles cruzados en una sola jornada.
Por su parte, el gobierno de Israel mantiene una postura intransigente que desafía la diplomacia de la Casa Blanca. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ratificó públicamente este domingo que el ejército de su país no se retirará de la denominada "zona de seguridad" delimitada en el sur del Líbano tras la reanudación de los combates en marzo contra el grupo Hezbolá.
Katz enfatizó que las tropas israelíes siguen desplegadas a lo largo de la Línea Amarilla y que el acuerdo preliminar anunciado en Washington habilita la permanencia militar en las posiciones estratégicas para resguardar a las poblaciones del norte de Israel.
En consonancia con esta línea oficial, una fuente de seguridad israelí ratificó de forma anónima que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) continuarán actuando libremente contra las amenazas de Hezbolá y que en los últimos dos días atacaron más de 300 objetivos y abatieron a unos 100 operativos de la milicia libanesa, consolidando un escenario de extrema complejidad para la comitiva de paz que encabeza JD Vance en suelo suizo.
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