En 2019 se aprobara una ley que estipulaba un pago único de ¥3,2 millones (aproximadamente £15.750 hoy) para cada víctima. Pero los damnificados dijeron que no era suficiente y que no correspondía a la gravedad de su sufrimiento: el arrebato de su futuro.
En los años 1980 y 1990 se llevaron a cabo un pequeño número de esterilizaciones forzadas antes de que se aboliera la ley en 1996.
Un pasado escalofriante
De esta manera, Japón enfrenta su siniestro pasado. Más allá de todo el dinero del mundo que destine a las víctimas, el daño es irreversible. El fallo judicial es más simbólico que otra cosa. Sirve como una lección de ese oscuro capítulo de la historia para que el estado nunca más invada los cuerpos y viole los derechos más personales de los ciudadanos.
Un documento gubernamental de 1953 decía que se podían utilizar restricciones físicas, anestesia e incluso “engaños” para facilitar las operaciones. De ahí que se explica el supuesto consentimiento de 8.500 víctimas que accedieron a que se les manipulara y cortara sus órganos sexuales.
A algunos pacientes se les informaba que iban a ser sometidos a procedimientos de rutina, como una operación de apéndice, cuando en realidad iban a ser esterilizados.
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De esta manera, Japón enfrenta su siniestro pasado de violaciones de los derechos humanos.
Una ligera evocación del pasado revela ciertos datos y detalles escalofriantes de aquel período funesto en Japón. Se estima que alrededor de 60.000 mujeres les fueron practicados abortos para evitar enfermedades hereditarias.
En realidad la ley eugenésica buscaba esterilizar a las personas que sufrían de deficiencias intelectuales hereditarias para evitar engendrar una “descendencia de mala calidad”. Pero en la práctica las autoridades se excedieron deliberadamente en medio del temor de la superpoblación y “deterioro” de la descendencia. Un pavor infundado dada la actual crisis de natalidad en todo el mundo.
La ley incluía una lista de enfermedades que entonces se consideraban hereditarias: la esquizofrenia, la psicosis maníaco depresiva, “un deseo sexual marcadamente anormal”, una “marcada inclinación al crimen”, el albinismo, la distrofia muscular, la epilepsia, la sordera, la hemofilia, la acromatopsia, la “rotura de mano” y la “rotura de pie”, e incluso trastorna de la conducta.
Incluso a algunas víctimas femeninas no solo se les privó su capacidad reproductiva sino también su menstruación a través de la extirpación del útero para hacer más fácil el cuidado de estas personas en los centros de salud.
Según The Guardian, una de las víctimas, Saburo Kita, fue persuadido para que se sometiera a una vasectomía cuando tenía 14 años y vivía en un centro para niños con problemas de conducta. “He pasado 66 años agonizantes por culpa de una cirugía del gobierno”
Para Junko lizuka, oculta detrás de una mascarilla para no ser reconocida públicamente, confesó a la prensa: "La cirugía eugenésica me privó de todos mis modestos sueños de tener un matrimonio feliz e hijos".
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