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Hackers exponen a agentes marroquíes tras la ola de Ceuta y amenazan a Sánchez

Jabaroot filtró datos de 70.000 agentes, culpa a Marruecos de la ola de Ceuta y amenaza a Sánchez con archivos de Pegasus, el software espía israelí.

Jabaroot volvió a golpear en el punto más sensible de la relación entre España y Marruecos. El grupo de hackers publicó una enorme base de datos con información de unos 70.000 agentes de seguridad e inteligencia marroquíes y vinculó parte de ese aparato con la entrada masiva que desbordó Ceuta a finales de julio.

La filtración expone nombres, fechas de nacimiento, números de identificación y otros registros atribuidos a miembros de la DGST, responsable de la inteligencia interior, y de la DGSN, la Policía marroquí. Dentro de ese enorme volumen de información, Jabaroot asegura haber encontrado algo todavía más delicado. Se trata de copias de órdenes de misión de agentes desplazados a Fnideq, Castillejos, antes y durante los días en que decenas de miles de personas cruzaron hacia Ceuta. El grupo promete ahora identificar de forma específica a quienes, según sostiene, habrían “dirigido y coordinado” la operación, una acusación que por el momento no ha podido ser acreditada de manera independiente.

En su relato, Mohamed VI queda fuera de la supuesta planificación, aunque no ocurre lo mismo con algunos de los hombres más poderosos de su entorno. Jabaroot apunta especialmente contra Abdellatif Hammouchi, máximo responsable de la inteligencia interior y la Policía, y contra Fouad Ali el Himma, uno de los principales asesores del monarca. Pero el golpe tampoco se queda en Rabat. Horas después de divulgar la base de datos, los hackers dirigieron una amenaza hacia Pedro Sánchez y preguntaron en castellano quién quería acceder a supuestos archivos originales de Pegasus, el software espía israelí que infectó su teléfono en 2021. No demostraron todavía que tengan ese material, pero consiguieron colocar bajo una misma sombra dos asuntos especialmente incómodos para Madrid, qué papel pudo jugar el aparato marroquí en Ceuta y quién estuvo detrás del espionaje al presidente español.

Los 70.000 nombres que reabren la gran pregunta sobre Ceuta

La dimensión de la filtración va bastante más allá de la frontera. El archivo apareció primero en el canal de Telegram de Jabaroot y terminó circulando después por foros utilizados habitualmente para intercambiar material robado. Allí figuran datos atribuidos a unos 70.000 miembros de dos de los principales pilares del aparato de seguridad marroquí. El colectivo sostiene que parte de esos agentes habría trabajado fuera del país en operaciones de inteligencia sobre territorio europeo, desde tareas de vigilancia hasta instalación de escuchas o pagos a personas con influencia.

Ceuta aparece dentro de ese gigantesco archivo como una pieza mucho más concreta. Jabaroot asegura haber recuperado órdenes de misión correspondientes a agentes enviados a la zona fronteriza antes y durante el 30 y 31 de julio, y sostiene que algunos participaron activamente en la preparación de la entrada masiva. Todavía no publicó la lista específica que prometió con los nombres de quienes, según su versión, habrían facilitado o coordinado deliberadamente el paso, pero ya apunta hacia arriba. Además de responsabilizar a Abdellatif Hammouchi y Fouad Ali el Himma, el grupo lanzó otra acusación todavía más delicada y aseguró, sin aportar por ahora pruebas públicas, que Estados Unidos e Israel conocían previamente el supuesto plan para desbordar Ceuta.

Agentes españoles escoltan a ciudadanos marroquíes de regreso a su país a través de la frontera de Ceuta, uno de los puntos más sensibles de la relación entre Madrid y Rabat.

Esa última afirmación entra en un terreno especialmente sensible. Durante los primeros días de la crisis circularon versiones que relacionaban lo ocurrido con las posiciones de Sánchez frente a Israel, Gaza y la guerra con Irán, interpretando a Ceuta como otro frente de presión contra un presidente que ya atravesaba una situación política interna complicada por la regularización de inmigrantes, el caso Koldo y la ofensiva de una derecha liderada por Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. Parte de esas teorías fue amplificada desde sectores especialmente hostiles a Moncloa. Jabaroot añade ahora su propia versión al asegurar que Washington y Tel Aviv conocían lo que iba a suceder, aunque tampoco mostró documentación que permita sostener esa conexión. Lo importante, por ahora, es que la filtración vuelve a poner sobre la mesa la pregunta de si detrás de aquella avalancha existió algo más que mafias, mensajes virales y un colapso espontáneo de los controles.

Porque esa sospecha ya había llegado hasta los propios servicios españoles. Según publicó El País pocos días después de la entrada masiva, la inteligencia española concluyó que Rabat no habría diseñado previamente la oleada, pero sí permitió que avanzara y terminó utilizándola políticamente. Las fuerzas marroquíes no frenaron a tiempo la concentración de decenas de miles de personas y el Gobierno de Sánchez evitó señalar directamente al país vecino. El presidente calificó lo ocurrido como un “ataque contra la integridad territorial española”, pero al día siguiente volvió a defender la cooperación con Marruecos, mientras Interior situaba buena parte de la responsabilidad sobre las redes de tráfico de personas.

Lo sucedido después hace todavía más difícil cerrar aquella discusión. Cuando una segunda movilización fue convocada para el 15 de agosto, Marruecos reforzó el perímetro, desplegó fuerzas y consiguió impedir una repetición de la avalancha. Desde entonces, Rabat volvió a reclamar la soberanía sobre Ceuta y Melilla, exigió la devolución de menores y supervivientes y pidió incluso recuperar los cuerpos de sus ciudadanos fallecidos. Sánchez, mientras tanto, necesita conservar esa cooperación para impedir nuevos cruces y gestionar a miles de personas que todavía permanecen en la ciudad. La filtración del grupo argelino llega así en un momento especialmente incómodo para Moncloa porque, aunque aleja al Gobierno español de cualquier responsabilidad sobre el origen de la oleada, al mismo tiempo obliga a preguntarse hasta qué punto Marruecos utilizó, y podría volver a utilizar, el territorio ceutí como herramienta de presión sobre la soberanía española en el norte de África.

Mohamed VI junto a Néstor Kirchner en una imagen de archivo, durante una etapa marcada por el acercamiento diplomático entre Marruecos y Argentina.

Pegasus, la amenaza que ahora apunta directamente a Pedro Sánchez

Después de sacudir al aparato de seguridad marroquí, Jabaroot decidió girar el foco hacia Madrid. Lo hizo mediante una frase breve y directamente en castellano. “¿A quién le interesan los datos originales de Pegasus relacionados con Pedro Sánchez?”, preguntó el grupo pocas horas después de liberar la base con los miles de agentes. No acompañó el mensaje con documentos que permitan demostrar que realmente posee ese material, pero la advertencia toca uno de los episodios más delicados y todavía sin resolver de la seguridad española.

Pegasus es un software espía desarrollado por NSO Group, una compañía israelí especializada en herramientas de cibervigilancia. No necesita comportarse como el virus tradicional que obliga a descargar un archivo infectado. Sus versiones más sofisticadas pueden aprovechar vulnerabilidades del teléfono mediante ataques conocidos como zero-click, capaces de penetrar en el dispositivo sin que su propietario pulse ningún enlace. Una vez dentro, puede acceder a mensajes, correos, fotografías, contactos y ubicación, además de activar el micrófono o la cámara. En términos simples, convierte el propio celular de la víctima en una herramienta de vigilancia.

Y el teléfono institucional de Pedro Sánchez fue efectivamente infectado. La investigación de la Audiencia Nacional determinó que entre el 19 y el 21 de mayo de 2021 fueron extraídos al menos 2,57 gigabytes de información, mientras una segunda intrusión registrada diez días después permitió sustraer otros 130 megabytes. También aparecieron rastros de Pegasus en los dispositivos de Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska y Luis Planas. Las fechas resultaron especialmente sensibles porque parte de los ataques coincidieron con la primera gran crisis diplomática de Ceuta, cuando Marruecos permitió la entrada de miles de personas después del choque con Madrid por la acogida en España de Brahim Gali, líder del Frente Polisario.

España consiguió demostrar que el espionaje existió, pero nunca pudo establecer quién lo ordenó. La Audiencia Nacional reclamó información a Israel e intentó avanzar sobre NSO Group, aunque la falta de cooperación terminó bloqueando la investigación. El expediente fue archivado en 2023, reabierto posteriormente gracias a información procedente de Francia y volvió a cerrarse en enero de 2026. Marruecos permaneció durante todos esos años en el centro de las sospechas políticas, aunque la Justicia española nunca pudo atribuirle formalmente el ataque y Rabat negó haber utilizado Pegasus contra el Gobierno español.

Pedro Sánchez llega al pulso político de 2027 con Ceuta y Pegasus otra vez sobre la mesa, en plena batalla con la derecha por el relato sobre seguridad, inmigración y Marruecos.

Las dudas volvieron a crecer este verano. Una investigación de The Guardian y otros medios, apoyada en testimonios de antiguos integrantes de la inteligencia marroquí, documentación filtrada y análisis técnicos, describió un uso extendido de Pegasus por parte de la DGST contra objetivos nacionales y extranjeros. Entre los números seleccionados para vigilancia aparecen ministros, integrantes de la Guardia Civil y más de 200 líneas españolas vinculadas por los investigadores con un operador relacionado con Marruecos. El trabajo aporta nuevos indicios sobre la utilización del sistema, aunque tampoco permite afirmar quién ordenó específicamente atacar el teléfono de Sánchez.

Por eso, la frase lanzada ahora por Jabaroot tiene un alcance mucho más ambiguo de lo que parece. Todo depende de qué esconden realmente esos supuestos “datos originales”. Si el grupo posee parte de la información extraída del teléfono presidencial, una publicación podría exponer conversaciones, documentos o datos sensibles de Moncloa. Pero si lo que consiguió son registros capaces de reconstruir quién operó Pegasus, desde qué infraestructura o bajo qué órdenes, la misma filtración podría terminar resolviendo una incógnita que España lleva cinco años sin cerrar.

La amenaza tiene así un doble filo para Sánchez. Puede comprometerlo si revela qué había dentro de su teléfono, pero también reforzarlo si demuestra quién estuvo detrás del espionaje. Incluso ambas cosas podrían ocurrir al mismo tiempo. Jabaroot todavía no mostró ninguna prueba que permita saber cuál de esos escenarios es real, aunque consiguió colocar nuevamente bajo la misma sombra al presidente español, Marruecos, Ceuta y uno de los grandes misterios pendientes de la relación entre Madrid y Rabat.

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