El personal masculino de la prisión hablaría como si estuvieran en una pandilla... decían cosas violentas como: “Me miraste”, “Acabo de ver que me miras”, “Estoy aquí”. para castigarte”... (testimonio) El personal masculino de la prisión hablaría como si estuvieran en una pandilla... decían cosas violentas como: “Me miraste”, “Acabo de ver que me miras”, “Estoy aquí”. para castigarte”... (testimonio)
Tal ONG también mostró que las penas jurídicas son muy severas en Japón para delitos menores como hurtos en tiendas y posesión de drogas, además de que creció la población geronta –mayor de 65 años– por delitos como consecuencia de problemas de salud mental y aislamiento.
Es más, el 88 % de las mujeres mayores de 65 años cumplen una pena por hurto menor. Según un reciente estudio sociológico, que expuso Kottke.org, las ancianas japonesas estarían robando a propósito para ir a la cárcel, y así resignificar una vida en solitario, al ser muchas veces olvidadas por sus familias y ante la necesidad de una asistencia sanitaria costosa en la tercera edad.
La primera vez que robé en una tienda fue hace unos 13 años. Entré en una librería de la ciudad y robé una novela de bolsillo. Me atraparon, me llevaron a una comisaría y el policía más amable me interrogó. Él fue muy amable. Escuchó todo lo que quería decir. Sentí que me escuchaban por primera vez en mi vida. Al final, me tocó suavemente el hombro y dijo: "Entiendo que te sientas sola, pero no vuelvas a hacer esto" (testimonio) La primera vez que robé en una tienda fue hace unos 13 años. Entré en una librería de la ciudad y robé una novela de bolsillo. Me atraparon, me llevaron a una comisaría y el policía más amable me interrogó. Él fue muy amable. Escuchó todo lo que quería decir. Sentí que me escuchaban por primera vez en mi vida. Al final, me tocó suavemente el hombro y dijo: "Entiendo que te sientas sola, pero no vuelvas a hacer esto" (testimonio)
"Pueden tener una casa. Puede que tengan una familia, pero eso no significa que tengan un lugar en el que se sientan como en casa", dijo Yumi Muranaka, directora de la prisión de mujeres de Iwakuni, a 48 kilómetros de Hiroshima. "Sienten que no se les comprende. Sienten que sólo se les reconoce como alguien que hace las tareas del hogar", añadió.
Ahora bien, retomando el informe de Human Right Watch que expuso las violaciones a los DD.HH. en las cárceles de Japón, esta ONG apela a que el Estado nipones y su Justicia debe “adoptar medidas no privativas de la libertad” para los delitos menores, como las sentencias suspendidas o diferidas y la libertad condicional.
El inconveniente es que cuando las multas monetarias y la suspensión de sentencias no son una opción, los jueces no tienen en cuenta las variadas formas de sentencias alternativas, como el servicio comunitario o el arresto domiciliario.
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