Recordemos que el pasado domingo 30/07, durante la cumbre del G-20 en Osaka, Japón, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto con y el príncipe heredero de la corona de Arabia Saudita, Mohammed Bin Salman, llegaron a un acuerdo para definir el precio del petróleo, algo que por supuesto molestó a Estados Unidos. De esta forma se definió la gran influencia de Rusia en el mercado petrolero.
En consecuencia, tan solo un mes después se ven los resultados del crecimiento económico de Rusia, ya que por primera vez desde 2017 se registran estos números, lo que quiere decir que la economía rusa está pasando por uno de sus mejores momentos.
Sin embargo, hay una contra cara y es que en el mismo informe se anunció un aumento del nivel de pobreza en aproximadamente medio millón de personas desde principios de 2018,lo que significa un 14.3%, o 20.9 millones de personas que viven bajo el umbral de pobreza.
Desde medios como The Moscow Times atribuyen estas cifras a la disminución de los ingresos reales, sumado a un aumento de impuestos por parte de la administración de Putin. A pesar por supuesto del programa nacional que presentó el mandatario para reducir la pobreza de cara al año 2024 cuando terminará su mandato.
A esto se le suma las sanciones económicas por parte del gobierno de Estados Unidos que le pone barreras a la insercción de Rusia en ciertos mercados internacionales, lo que de alguna forma evita ingresos al país. Aunque al mismo tiempo, con un Producto Bruto Interno mucho menor al de Estados Unidos, Rusia atraviesa un momento de deflación mientras la Reserva Federal norteamericana se ve obligada a reducir las tasas de interés para poder atravesar el estancamiento económico.