Sin embargo un mes atrás, el Primer Ministro británico aseguró que los euroescépticos del Reino Unido nunca se sintieron satisfechos con esta fórmula teniendo en cuenta que se había decidido anteriormente que entre la frontera de Dublin y Belfast se mantendría el nivel de tarifas de Europa, para en consecuencia evitar controles y una división en una de las zonas más calientes del continente. Esto al mismo tiempo permitiría que os ministros británicos tomen decisiones clave sobre el comercio de Irlanda del Norte de manera unilateral. Algo que Bruselas no aprueba.
Una frontera dura sería también una traba para el comercio internacional y la economía europea teniendo en cuenta que trabaría el proceso de exportaciones e importaciones justamente en un momento donde el foco principal de las autoridades de Bruselas es reactivar la economía global y dar más pasos fuera de la pandemia y camino a la globalización. Aunque estos no son los planes de Boris Johsnon.
"Necesitamos crear una red de seguridad jurídica para proteger la integridad del mercado interno del Reino Unido, garantizar que los ministros siempre puedan cumplir con sus obligaciones con Irlanda del Norte y proteger los beneficios del proceso de paz", explicaron desde Londres haciendo hincapié en los intereses específicos del país, caminando una vez más hacia un objetivo de nacionalismo. Pero claro desde Bruselas, Ursula von der Leyen respondió legalmente.
Sin embargo al mismo tiempo esto no es lo más preocupante, ya que los escándalos se producen después de un año de pocos encuentros entre líderes políticos, muchas semanas de debates vía Zoom y a tan solo 100 días antes de el abandono completo de la zona comercial de la Unión Europea por parte del Reino Unido. Aunque cuando Johnso dio a conocer la legislación también amenazó con irse el 15/10 sin acuerdo. Otra vez volvemos a las discusiones de 2019.
Hoy Londres tiene 30 días para responder a la solicitud de Londres. Tiempo que por un lado serviría para seguir negociando con Bruselas.