Sin embargo ese no fue el único golpe que recibió la Casa Blanca este lunes ya que inmediatamente después de la caída del mercado petrolera, las acciones de Estados Unidos alcanzaron números preocupantes ya que por supuesto todos los comerciantes de petróleo no le alcanzaban las manos para sacarse de encima los contratos, lo que sin duda reflejo una gran crisis del sector y volvió a remitir a una imagen de la Gran Depresión de Wall Street en 1930. Es así que o el Dow Jones cerró en casi 600 puntos.
"La preocupación en el mercado de valores más amplio es que la falta de demanda muestra que no vamos a salir de esta recesión", explicó a The Washington Post, Frank Verrastro, miembro del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.
Aunque esta caída no es solamente otro golpe para el gobierno de Trump sino que tiene impacto a nivel internacional, lo que significa también una gran caída para el príncipe de Arabia Saudita, Mohhamad Bin Salman, uno de los mayores aliados de Trump en Medio Oriente cuya economía depende 100% de la extracción y comercialización de petróleo de la mano de Saudi Aramco.
El único que sin duda está festejando es el presidente ruso, Vladimir Putin quien tiene el ojo puesto y destinado en los mercados asiáticos y Europa desde un principio. A su vez no olvidemos la existencia de su red de oleoductos que le permiten hacer negocios con los mayores consumidores el mundo y por supuesto le permiten "coloocar el petróleo a tasas más baratas en comparación con su rival que tiene que encontrar camiones cisterna y pagar el transporte", explicaron los comerciantes a Reuters. Es así que ahora la grn pregunta es: ¿será "Putin o nada" a partir de ahora?
Eso todavía es una incógnita al igual que lo es cuáles serán los próximos movimientos de la corona saudí. Pero lo único que está claro es que Donald Trump tiene el agua hasta el cuello, cada día se hunde un poco más y que su intervención en la grieta de la OPEP, más exactamente entre Arabia Suadita y Rusia que concluyó en un acuerdo para recortar la producción, no sirvió para mucho y tampoco lo hizo quedar como el salvador del mercado. Aunque el mismo ya dejó en claro que haría cualquier cosa para estar un paso más cerca de la reelección.
"La capacidad del gobierno de Estados Unidos para cambiar fundamentalmente esta situación es mínima", dijo a POLÍTICO, el analista de petróleo de Raymond James, Pavel Molchanov. El gran problema detrás es que Estados Unidos tiene tanta producción petrolera que ya no tiene donde almacenarlo, es así que solamente existen dos soluciones que podrían traer ventajas: que se derriben las barreras puestas por el COVID-19 así los aliados de Estados Unidos pueden comprar o reducir la oferta existente.