Un caso que estudio el Instituto fue el del diario Tiempo Argentino, que no funcionó con Sergio Szpolsky, y cuando los subsidios que aseguraban la rentabilidad se derrumbaron, ocurrieron despidos masivos y el periódico perdió su circulación cotidiana. "Decidimos que no nos mudaríamos de allí hasta que el propietario nos pagara una compensación", explicó a Reuters, Javier Borelli, uno de los periodistas.
En consecuencia el medio de convirtió en una cooperativa de trabajo, sin fines de lucro. Para financiarse recurrieron a un modelo de subscripción: el lector que pague mensualmente, además de tener beneficios en la edición digital, tendrá el periódico impreso en su casa todos los días. El modelo ya venía siendo experimentado por El Destape y luego adhirió Página/12. Más recientemente, El Cohete a la Luna. Las 4 webs tienen algo en común: el público al que se dirigen, en ese momento opositor al Gobierno de entonces. Hoy integran los medios que apoyan al gobernante Frente de Todos.
"Las personas no pagan por información exclusiva, sino para que más personas puedan leernos", explica la publicación de Reuters Institute en referencia a la caracaterísitca solidaria de Tiempo Argentino. El que paga es porque confía en el periodismo que hace el medio y quiere que este se mantenga en pie.
Aunque estaos no son los únicos ejemplos que existen alrededor del mundo, en el estudio de Reuters también hacen foco en publicaciones como: eldiario.es (España) y Mediapart (Francia), así como tampoco solo existe el modelo de subscripción para reinventar el modelo de negocios. Hoy en día existen medios que sobreviven asociándose a medios más grandes, accediendo a becas internacionales que apoyan los proyectos periodísticos, contenido específico o con publicidad en Internet.
Las posibilidad existen y están disponibles para ponerlas a prueba como también se pueden descubrir nuevas formas de rentabilidad, es cuestión de estudiar e investigar cual de todas se adecua mejor a lo que exige la audiencia: primero el lector y luego el contenido. "Solo nuestros lectores pueden comprarnos", aseguró el fundador de Mediapart. Entonces, el contenido que se produce y garantiza audiencia es, valga la redundancia, el que le interesa a los propios consumidores. Es la misma lógica que sigue Netflix: si la Casa de Papel fue un éxito, hay que seguir dándole al consumidor lo que quiere.
Claro que para llegar a esto es necesario hacer un estudio exhaustivo de la audiencia, lo más fragmentado posible: edad, género, nivel socioeconómico, entre otras variables. Y por supuesto darle el lugar que los lectores quieren. Una de las teorías de comunicación más famosas fue el periodismo cívico, donde se le permite a los consumidores formar parte del proceso de producción de noticias. "En eldiario.es existen columnas bimensuales en las que la oficina editorial responde las preguntas de los lectores", explican desde Reuters como ejemplo.
Aunque por más atención que se ponga en la audiencia: ¿qué tan dispuestos están a pagar por contenido? Ese es el gran problema de los medios en la actualidad, salvo que sean The New York Times, es muy difícil lograr que el lector atraviese al otro lado del muro de pago, sobretodo porque hoy en día existen otras fuentes para conseguir información: las redes sociales e Internet. Claro que esto no siempre es una fuente confiable y sin dudas, no es periodismo. Allí es donde radica el gran problema de la actualidad: el exceso de información que en su mayoría no es exacta o hasta a veces modificada. La gran lucha contra la desinformación y las noticias falsas.
Si bien existen casos de éxito, como los mencionados anteriormente, también hay fracasos, publicaciones que logran salir a la cancha y que son exitosas en principio pero que no logran sobrevivir a largo plazo. Claro que al mismo tiempo está el aparente desinterés por las noticias, en Argentina y en todo el mundo, ya que las personas, sobretodo los jóvenes, están dispuestos a pagar por Netflix, Spotify y alguna plataforma streaming extra pero no por el consumo de noticias. Allí esta el problema, pero también la clave: darle a la audiencia algo que le interese más allá del periodismo, y para eso hay que escucharla.