Fue entonces que Marilú tuvo que hacer un fuerte descargo en el que sostuvo: "Hago este video porque se fueron al carajo con el video de la AFIP. Ahora se están agarrando de una situación súper delicada para meterme a mí en el medio y hacer política. Tienen un talento innato para tergiversar las cosas".
Cuando se supo la noticia del trabajador, ella se defendió intentando desligar su burla del intento de suicidio y lo justificó con que el hombre "ya venía de antes" con trastornos psiquiátricos. Foto: TikTok
También sostuvo que su intención había sido "velar una vieja estructura" y defendió la idea de que había trabajadores cobrando salarios millonarios con dinero de los contribuyentes. Respecto del empleado que había intentado quitarse la vida, afirmó: "Seguramente hubo miles de motivos de fondo que lo llevaron a estar en la situación en la que estaba o está", y pidió que "no sean tan soretes y dejen de apropiarse de las causas nobles y delicadas para hacer política".
A partir de entonces, quedó una característica que volvería a aparecer en el nuevo video: la apuesta por la provocación como método para discutir política, incluso cuando el blanco elegido sea una persona común que está trabajando, ni funcionario ni alguien con capacidad de decisión. Y esta vez el elegido fue un kiosquero.
Marilú fue por un kiosquero y terminó armando otro escándalo
El hombre al que fue a buscar Marilú es ni nada más que Ernesto Acuña, vicepresidente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), quien además estaba atendiendo su propio comercio junto a otro hombre cuando apareció la influencer con micrófono en mano.
Acuña venía reclamando públicamente dos medidas para proteger al sector: establecer una distancia mínima de 150 metros entre kioscos nuevos y comercios ya existentes, y otorgar a los kioscos una suerte de exclusividad para la venta de determinados productos, como golosinas, bebidas y tabaco, evitando que los supermercados, las farmacias y otros negocios puedan competir en esos rubros.
Su argumento es que los kioscos de barrio están desapareciendo por la competencia que consideran desleal y por la caída del consumo. Según información difundida por el propio sector y publicada por Urgente24, 16.000 kioscos cerraron durante 2024, lo que representó una caída del 13,3% del total. La caída se aceleró en 2025 y 2026: para agosto de 2026 quedaban unos 59.000, con un total de alrededor de 41.000 cierres desde diciembre de 2023.
En ese contexto, la influencer entró al comercio y empezó la conversación con una pregunta inventada: aseguró que el Gobierno de la Ciudad había aprobado una norma que prohibía a los comerciantes limpiar sus propias vidrieras porque la caída de la demanda había dejado sin trabajo a quienes se dedicaban profesionalmente a limpiarlas.
Inmediatamente, Acuña reaccionó diciendo que no lo creía y después defendió su derecho a disponer de su propio negocio: "Porque es mi vidriera y yo hago lo que yo quiero con mi propiedad privada. No pueden atentar contra la propiedad privada". Bingo. Para ella, ahí estaba el momento de la "domada".
Marilú aprovechó esa respuesta para llevarlo al terreno de sus reclamos. Si el kiosquero defendía la propiedad privada y rechazaba que el Estado decidiera qué podía hacer con su vidriera, ¿por qué reclamaba regulaciones que limitaran a otros comercios para proteger al sector de los kioscos?
La influencer llegó al kiosco de Ernesto Acuña, inventó una supuesta norma y aprovechó su reacción para cuestionar sus reclamos. Foto: X
La contradicción que intentaba marcar está y se puede discutir. Si un comerciante quiere poder manejar su negocio, choca con que al mismo tiempo pida que el Estado restrinja la competencia de otros establecimientos. El punto es que la influencer decidió plantearla mediante una broma en la que el comerciante, al menos inicialmente, creyó que la supuesta reglamentación podía ser real.
La conversación siguió durante varios minutos mientras Acuña insistía en que no podía creer que una medida semejante existiera y preguntó qué ocurriría si él limpiaba su propia vidriera. Marilú terminó reconociendo que no sabía cuál sería la sanción: "Por ahí sí, no sé cuál sería el castigo que aplicarían".
Antes de irse, incluso le preguntó dónde había un supermercado cerca. El hombre le indicó que había un supermercado chino a la vuelta y ella respondió: "Ah, dale, dale, vamos para allá. Dale, gracias. Vamos a comprar una coquita".
Pero cuando ya estaba en la puerta, Acuña volvió a preguntarle si realmente no iba a poder limpiar su propia vidriera y qué consecuencias tendría hacerlo.
Del lado libertario, muchos usuarios lo celebraron como una "domada" y consideraron que Acuña había quedado expuesto por defender la propiedad privada para su negocio mientras reclamaba regulaciones para limitar a sus competidores. "Le tocaron el bolsillo y se volvió liberal", "Nace un libertario" y "Todos somos generosos con el culo ajeno", exclamaron desde el sector oficialista.
Ernesto Acuña es el vicepresidente de la UKRA y, debido al cierre de miles de kioscos todos los años, reclamó medidas de protección para el sector. Desde Carajo intentaron burlarse colgándose de sus contradicciones. Foto: X
La propia Marilú respondió a una publicación crítica de la cuenta @ArrepentidosLLA con un mensaje que superó los 14.000 likes: "No es un kiosquero tratando de laburar. Es un gremialista que quiere impulsar una ley para que el Estado se meta a proteger su kiosquito y asegurarse las ganancias, aunque eso signifique que otros comercios se fundan + la incomodidad del consumidor (vos). Salame".
Del otro lado, algunos lo definieron como una influencer hostigando a un trabajador para conseguir un contenido viral y cuestionaron las risas posteriores desde el estudio de Carajo, donde celebraron que el kiosquero hubiera "caído" en la broma.
Se podrá cuestionar a Acuña por sus propuestas y la contradicción entre defender la propiedad privada y pedir protección estatal para los kioscos. Pero de ahí a convertir un comerciante que está trabajando en el bufón de turno hay un trecho.
El sector de los kioscos no está discutiendo un problema imaginario, es decir, detrás de todo, hay comerciantes que efectivamente están intentando sostener sus negocios. La cuestión, entonces, no es si Acuña tiene razón (probablemente no). Es si para demostrar que alguien se contradice hace falta tomarle el pelo durante 5 minutos.
Porque lo curioso de todo esto es que una influencer que defiende la libertad, cancelada por burlarse de despidos masivos, tuvo que inventarle una prohibición para que reaccionara defendiendo su propia libertad. Después vino el aplauso, la "domada", las risas y las redes haciendo lo que mejor saben hacer.
El tema es que un kiosquero no es un funcionario al que haya que interrogar por una política pública. Es una persona que está detrás de un mostrador tratando de sostener un negocio en un sector que, según sus propios representantes, viene perdiendo miles de locales. La contradicción de Acuña se podía discutir igual. No hacía falta disfrazarla de chiste.
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