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En pocas palabras

Resumen generado por Thinkindot AI

Papelón de Carajo: Fueron a burlarse de un kiosquero con una libertaria cancelada

La influencer libertaria que se burló de los despidos de AFIP volvió al ruedo. En Carajo "domaron" a un kiosquero y festejaron como si fuera una hazaña.

Desde Carajo Stream, la influencer libertaria que se hizo conocida por burlarse de los despedidos de AFIP volvió al ataque, esta vez para poner acorralar a un kiosquero y terminar celebrando la supuesta "domada". Con micrófono, una norma inventada y bastante entusiasmo, la libertaria armó otro numerito de redes que dejó al kiosquero en medio de una polémica innecesaria.

La polémica que convirtió a esta influencer libertaria en una figura viral

La protagonista de esta nueva polémica es Marilú, una influencer libertaria conocida por sus videos de tono provocador y por buscar situaciones en las que pueda confrontar a personas que tienen posiciones diferentes a las de ella. No es la primera vez que arma revuelo por la manera en que utiliza el humor y la ironía para abordar temas políticos.

Su antecedente más recordado ocurrió cuando publicó un video frente a distintas dependencias de la entonces AFIP, después de que el Gobierno de Javier Milei anunciara la disolución del organismo y los despidos masivos. En una de las oficinas colocó una flor rosa, simulando un velorio, y escribió "QEPD AFIP 1996-2024".

La publicación apareció mientras miles de trabajadores enfrentaban la incertidumbre por la reestructuración del organismo y pocos días después de que un empleado de 33 años de la Agencia 6 de la Dirección General Impositiva intentara quitarse la vida arrojándose desde el noveno piso del edificio donde vivía, en Palermo.

El hombre le había dejado una carta a sus familiares y sus compañeros en la que hablaba de una profunda depresión, vinculada a problemas personales y laborales. El hombre no perdió la vida porque la caída fue amortiguada por cables de tensión y, posteriormente, fue reanimado en un hospital, donde su entorno informó que su pronóstico era optimista.

Fue entonces que Marilú tuvo que hacer un fuerte descargo en el que sostuvo: "Hago este video porque se fueron al carajo con el video de la AFIP. Ahora se están agarrando de una situación súper delicada para meterme a mí en el medio y hacer política. Tienen un talento innato para tergiversar las cosas".

También sostuvo que su intención había sido "velar una vieja estructura" y defendió la idea de que había trabajadores cobrando salarios millonarios con dinero de los contribuyentes. Respecto del empleado que había intentado quitarse la vida, afirmó: "Seguramente hubo miles de motivos de fondo que lo llevaron a estar en la situación en la que estaba o está", y pidió que "no sean tan soretes y dejen de apropiarse de las causas nobles y delicadas para hacer política".

A partir de entonces, quedó una característica que volvería a aparecer en el nuevo video: la apuesta por la provocación como método para discutir política, incluso cuando el blanco elegido sea una persona común que está trabajando, ni funcionario ni alguien con capacidad de decisión. Y esta vez el elegido fue un kiosquero.

Marilú fue por un kiosquero y terminó armando otro escándalo

El hombre al que fue a buscar Marilú es ni nada más que Ernesto Acuña, vicepresidente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), quien además estaba atendiendo su propio comercio junto a otro hombre cuando apareció la influencer con micrófono en mano.

Acuña venía reclamando públicamente dos medidas para proteger al sector: establecer una distancia mínima de 150 metros entre kioscos nuevos y comercios ya existentes, y otorgar a los kioscos una suerte de exclusividad para la venta de determinados productos, como golosinas, bebidas y tabaco, evitando que los supermercados, las farmacias y otros negocios puedan competir en esos rubros.

Su argumento es que los kioscos de barrio están desapareciendo por la competencia que consideran desleal y por la caída del consumo. Según información difundida por el propio sector y publicada por Urgente24, 16.000 kioscos cerraron durante 2024, lo que representó una caída del 13,3% del total.

En ese contexto, la influencer entró al comercio y empezó la conversación con una pregunta inventada: aseguró que el Gobierno de la Ciudad había aprobado una norma que prohibía a los comerciantes limpiar sus propias vidrieras porque la caída de la demanda había dejado sin trabajo a quienes se dedicaban profesionalmente a limpiarlas.

Inmediatamente, Acuña reaccionó diciendo que no lo creía y después defendió su derecho a disponer de su propio negocio: "Porque es mi vidriera y yo hago lo que yo quiero con mi propiedad privada. No pueden atentar contra la propiedad privada". Bingo. Para ella, ahí estaba el momento de la "domada".

Marilú aprovechó esa respuesta para llevarlo al terreno de sus reclamos. Si el kiosquero defendía la propiedad privada y rechazaba que el Estado decidiera qué podía hacer con su vidriera, ¿por qué reclamaba regulaciones que limitaran a otros comercios para proteger al sector de los kioscos?

La contradicción que intentaba marcar está y se puede discutir. Si un comerciante quiere poder manejar su negocio, pero al mismo tiempo pide que el Estado restrinja la competencia de otros establecimientos, hay una discusión legítima sobre dónde termina la defensa de la libertad económica y empieza el pedido de un privilegio. El punto es que la influencer decidió plantearla mediante una broma en la que el comerciante, al menos inicialmente, creyó que la supuesta reglamentación podía ser real.

La conversación siguió durante varios minutos mientras Acuña insistía en que no podía creer que una medida semejante existiera y preguntó qué ocurriría si él limpiaba su propia vidriera. Marilú terminó reconociendo que no sabía cuál sería la sanción: "Por ahí sí, no sé cuál sería el castigo que aplicarían".

Antes de irse, incluso le preguntó dónde había un supermercado cerca. El hombre le indicó que había un supermercado chino a la vuelta y ella respondió: "Ah, dale, dale, vamos para allá. Dale, gracias. Vamos a comprar una coquita".

Pero cuando ya estaba en la puerta, Acuña volvió a preguntarle si realmente no iba a poder limpiar su propia vidriera y qué consecuencias tendría hacerlo.

Del lado libertario, muchos usuarios lo celebraron como una "domada" y consideraron que Acuña había quedado expuesto por defender la propiedad privada para su negocio mientras reclamaba regulaciones para limitar a sus competidores. "Le tocaron el bolsillo y se volvió liberal", "Nace un libertario" y "Todos somos generosos con el culo ajeno", exclamaron desde el sector oficialista.

La propia Marilú respondió a una publicación crítica de la cuenta @ArrepentidosLLA con un mensaje que superó los 14.000 likes: "No es un kiosquero tratando de laburar. Es un gremialista que quiere impulsar una ley para que el Estado se meta a proteger su kiosquito y asegurarse las ganancias, aunque eso signifique que otros comercios se fundan + la incomodidad del consumidor (vos). Salame".

Del otro lado, la lectura fue completamente diferente. Algunos usuarios definieron el episodio como una influencer hostigando a un trabajador para conseguir un contenido viral y cuestionaron especialmente las risas posteriores desde el estudio de Carajo, donde celebraron que el kiosquero hubiera “caído” en la broma.

Y ahí aparece la discusión que realmente vale la pena. Acuña puede ser cuestionado por sus propuestas, y la contradicción entre defender la propiedad privada y pedir protección estatal para los kioscos merece ser discutida. Pero una cosa es señalar esa contradicción y otra bastante distinta es convertir a un comerciante que está trabajando en el personaje de turno de una especie de festival de burlas.

El sector de los kioscos no está discutiendo un problema imaginario. Urgente24 ya había recogido las declaraciones de Acuña sobre la crisis del rubro, mientras los datos difundidos por el sector hablan de 16.000 cierres durante 2024. Es decir, detrás de la discusión sobre competencia, supermercados y exclusividades hay comerciantes que efectivamente están intentando sostener sus negocios.

La cuestión, entonces, no es si Acuña tiene razón en todo lo que propone. Probablemente no. La cuestión es si para demostrar que alguien tiene una contradicción hace falta tomarle el pelo durante cinco minutos.

Porque hay algo bastante curioso en todo esto: una influencer que defiende la libertad terminó necesitando inventarle una prohibición a un comerciante para que reaccionara defendiendo su propia libertad. Después vino el aplauso, la “domada”, las risas y las redes haciendo lo que mejor saben hacer.

El problema es que un kiosquero no es un funcionario al que haya que interrogar por una política pública. Es un tipo que está detrás de un mostrador tratando de vender una gaseosa, pagar sus cuentas y sostener un negocio en un sector que, según sus propios representantes, viene perdiendo miles de locales.

La contradicción de Acuña se podía discutir igual.

No hacía falta disfrazarla de chiste.

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