Podría escribirse que en aquel entonces, dentro de su grupo de mayor confianza, era el propio Kicillof, casi en soledad, quien descubría que había vida política tras la etapa K entre 2003 y 2015. Tiempos en los que arreciaban denuncias y volaban bolsos con dólares. Se había popularizado, en un sector de la sociedad y los medios de comunicación, la idea de “no vuelven más”.
Aquella lógica del megáfono y el Clio no debería ser subestimada una vez más, tal como sucedió en aquellos tiempos. Es la más correcta conceptualización de lo que busca el gobernador en 2020. Se trata de desafiar al 'sistema' -antes que de hacer campaña, antes, y de gobernar, ahora- y a lo que llaman las capas “geológicas” bonaerenses.
¿Qué significa esto? Ni más ni menos que la acumulación de beneficios, cargos, metodologías, maneras y acuerdos en la provincia, cuya continuidad nunca se puso en duda. La opción siempre elegida a mano fue la misma, hasta ahora: convivir y no confrontar. Se cuestiona con cierta injusticia al peronismo con aquella frase que suena a lugar común: “La provincia está como está porque fue mayormente gobernada por el justicialismo”. Verdad a medias.
La pregunta es: ¿El gobernador gobierna? ¿O administra, tal como mejor puede, lo preestablecido?
Algunos datos responden a esas preguntas. Lugares claves con mucha influencia y poca visibilidad están en manos, hace muchos años, de dirigentes de la UCR. La Fiscalía de Estado o el propio Tribunal de Cuentas, son ejemplos.
Todo ello se proponen discutir Axel Kicillof y su equipo más cercano. Si el gobernador podrá o no alcanzar el objetivo, se sabrá más adelante, pero obviar esta mirada anula la posibilidad de un análisis más profundo que la discusión por ciertos cargos y los enojos que ello conlleva.
Si se toma el caso de los intendentes municipales, no existe demasiada preocupación en el gobierno provincial por aquello que se filtra en cuanto a los supuestos enojos o pataleos.
Es más, en La Plata afirman que la invitación a trabajar en conjunto es permanente. Quizá la forma no sea igual que antes. Por esa razón, de manera irónica, ciertos jefes comunales peronistas “extrañan” los tiempos de María Eugenia Vidal.
En realidad, no es una cuestión personal. Ellos añoran lo que ella representó: la continuidad sistémica bonaerense que, en algún punto, hasta se potenció. Parte de ello quedó en evidencia a la hora de la discusión de la legislación tributaria. En la negociación Kicillof / Vidal, la ex mandataria pedía cargos para la oposición en organismos provinciales.
Por ejemplo, en el Banco Provincia ella solicitaba 4 sillas. La respuesta fue no.
¿Por qué? Porque siempre se le adjudicaron 2 a la oposición salvo en el gobierno anterior cuando Vidal negoció los 2 primeros años con Sergio Massa y luego con los intendentes y La Cámpora. Cada uno se llevó su parte cuando eran oposición. Ahora se quería mantener ese esquema. No se pudo.
Otro ejemplo reciente de lo que podría llamarse 'la lógica Kicillof' ocurrió con la firma de los convenios para el arreglo de las escuelas.
Muchos intendentes se resistieron a firmar o no lo hicieron. La molestia de fondo es motivada por la gestión de los recursos que provienen de la Nación y van directo a los municipios. El gobierno bonaerense impuso su influencia a la hora de decir que el dinero se utilice pura y exclusivamente para arreglar escuelas. Y no para otros gastos comunales.
Hacer visible al gobernador es una decisión política. La invisibilidad significa que la responsabilidad de los grandes problemas provinciales sean del gobierno nacional, y los pequeños de los municipios.
El camino inverso es involucrar al mandatario provincial en todos los temas de su injerencia. De eso está convencido Kicillof, con el agregado del apoyo inestimable de Cristina Fernández de Kirchner. “Los votos son de ella” en la provincia de Buenos Aires. ¿Sólo de ella? El reparto porcentual de esa mirada responde muchas preguntas frecuentes en estos días.
Claro, en medio de ello, arrecían lo problemas del día-a-día. Uno de ellos es la situación económica, y ahora la seguridad, que está en el centro de la escena con la polémica entre Sergio Berni y el gobierno nacional. Puertas adentro del gabinete provincial apoyan al ministro de Seguridad en sus reclamos de coordinación con las fuerzas federales.
“Tenemos una oportunidad histórica”, asumen en la sede de la Calle 6. Son conscientes que se trata de virar el rumbo de un barco enorme. El resultado del viraje es incierto. Desconocer que es una decisión política anularía la posibilidad de explicar varias de las cosas que pasan por estos días.