Aunque al mismo tiempo, con la llegada de la tecnología y la necesidad de ponerla a prueba, parece ser que las persianas, las rejas y candados no son suficientes para proteger nuestra privacidad, y se elige darle lugar a cámaras de seguridad, sistemas de alarma, entre otras cosas. Aunque de lo que no nos percatamos es que todos esos dispositivos de alguna u otra forma se encuentran conectados a una red de Internet que al fin y al cabo puede ser hackeada como cualquier cuenta de mail o de Instagram. Este es el punto en el que hace énfasis la charla TED.
Sin embargo, más allá de los hackers existe algo más poderoso: el hecho de que los gobiernos estén utilizando la tecnología de vigilancia para supuestamente encontrar personas que busquen atentar contra el orden y cazar disidencias. Esto mismo ocurre en China desde el año pasado teniendo en cuenta que el gobierno de Xi Jinping instaló cámaras de reconocimiento facial en la Región Autónoma Uigur de Sinkiang(a 600 kilómetros de la capital): el territorio donde conviven miles de musulmanes, lo cuál no es compatible con las ideas ni con las preferencias del gobierno de Xi Jinping.
Si bien aquí se atenta contra la libertad religiosa y no es algo que llame la atención en China, conociendo las prácticas del Partido Comunista Chino, no debería ocurrir lo mismo en países cuya base es la democracia y la libertad, exacto estamos pensando en Estados Unidos. De acuerdo a lo que explica Crockford, las preocupaciones tendrían que ir más allá del reconocimiento facial, teniendo en cuenta que este tiene como objetivo encontrar a una persona específica. Lo más peligroso llega en forma de cámaras de vigilancia públicas que pueden estar en cualquier lugar en la calle.
Aunque al fin y al cabo se supone que tendría que ser para la seguridad pero, ¿quien asegura que ninguna autoridad lo este utilizando para conocer a la sociedad sin su aprobación? Así se puede saber qué compran, a dónde van todos los días, si forman parte de una organización política, si alguna vez ingresaron a un edificio donde se practican abortos, entre otras cosas. ¿Y lo peor de todo?: es algo difícil identificarlo y en consecuencia evitarlo porque no todos son consientes de lo que sucede y a la vez tampoco se pueden prohibir las cámaras de seguridad.
Por otro lado, uno de los puntos donde la charla decide hacer énfasis es en la importancia de la cara. "Si quiero evitar que me rastreen dejo mi celular en mi casa, pero mi cara no la puedo dejar antes de salir a la calle", explica y acierta Crockford en su exposición. Pero esto nos dirige directamente hacia una reflexión sobre la identidad personal de cada uno y el derecho y hasta el deber que tenemos de protegerla y de ponerla en práctica como sea que nos plazca. Nuestra cara es casi como el documento de identidad, es aquello que nos diferencia del otro: si, podemos estar todos influenciados por los mismos valores y costumbres impuestas por la sociedad, pero nuestros rasgos son lo que nos hace distintos entre sí.
Pero claro esto no tendría que ser utilizado para fines negativos y menos sin el consentimiento. Es por eso que en el caso de Estados Unidos, existen organizaciones como la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en inglés) cuyo objetivo principal es movilizar y consientizar a la sociedad sobre esta y muchas otras prácticas que la mayoría del tiempo pasan desapercibidos.