La historia narra el romance entre Marianne (Noémie Merlant), quien es la encargada de pintar un retrato de una china próxima a casarse, Heloïse (Adèle Haenel), la segunda pata de la pareja principal. Marianne es exitosa, independiente y se muestra valiente frente a todas las trabas que la sociedad europea del siglo XVII le ponía a las mujeres. Aunque cuando se encuentra con Heloise, una mujer que acaba de perder a su hermana luego de un suicidio y que no sabe exactamente como hacerle frente a la vida, menos cuando está siendo obligada a casarse con un milanés, que encima era el que su hermana se negó a aceptar.
La misma solo podría ser entregada a un hombre una vez que su retrato este listo, por eso Heloise nunca mostraba su rostro a los pintores que pasaban por su mansión en las costas de la región de Bretaña, al norte de Francia. Aunque cuando conoce a Marianne todo es diferente, ella no entiende por qué, hasta que se da cuenta que conoció el amor, el mismo sería corto, intenso y homosexual. Aunque todo es tensión y nada de acción hasta pasada la primera hora de la película, pero cada mirada de las protagonistas era como una explosión y a la vez timidez.
Ambas comienzan a hacerse amigas mientras Marianne se hace pasar por una "dama de compañía" y también pinta clandestinamente su retrato. Allí aparece el factor traición en la relación entre las mujeres, que no saldrá a la luz hasta una vez que el amor ya se comenzó a reflejar en la personalidad de ambas. Aunque el primer retrato no es del todo correcto. "¿Así es como me ves?", pregunta Heloise, teniendo en cuenta que es una mujer seria, ojos tristes y con falta de vida. Por eso en un ataque de amor y necesidad de seguir conociendo a esta mujer, Marianne arruina el cuadro y se queda 6 días más para pintarla otra vez, incapaz de decirle adiós tan pronto.
Allí es donde se comienzan a ver los verdaderos colores en ambas personalidades y florece el amor. Llegan escenas donde las intensas miradas entre las protagonistas atraviesan la pantalla del cine y el espectador no espera otra cosa más que un contacto físico entre las dos. Aunque eso no llega hasta después de la intervención de la lectura de un párrafo de la ópera italiana de Eurídice y Orfeo en donde se hace una interpretación sobre la actitud de Orfeo de no mirar cuando ella desciende al inframundo de Hades: "No elige al amante, sino al poeta", dice Marianne para explicar que Orfeo prefiere recordarla como la conoció.
Sin embargo, la película de Sciamma no es todo arte y acertadas combinaciones de colores pasteles con otros cálidos, y la presencia constante del fuego como símbolo de pasión y de valentía. También pone el ojo sobre la política actual, específicamente con una escena que retrata un aborto que le causa piel de gallina a cualquiera que este del otro lado. La tercera mujer protagonista de la película es una niña de aproximadamente 15 años que vive en la mansión y que de un momento al otro suelta: "Hace 3 meses que no tengo el periodo". Desde ese entonces comienzan una serie de métodos domésticos para interrumpir el embarazo.
Pusieron a la niña de cabeza, le dieron brevages florales y preparados, entre otras cosas. Claro que en el siglo XVII no se practicaba el procedimiento en los hospitales y tampoco existía información al respecto, principalmente porque no cabía la posibilidad de que una mujer decida no ser madre. Aunque en el siglo XXI, todavía es uno de los reclamos más fuertes de la sociedad a nivel global. Sin embargo no fue hasta el momento final donde se produce el aborto y lo único que se ve en la pantalla es la niña gritando y llorando mientras un bebé le acaricia la cara.
Trágico, poético y paradójico: como mucha de las escenas del film. En consecuencia la guionista y directora describió la película como "un manifiesto sobre la mirada femenina". Céline Sciamma no solamente hizo de la pieza de 2 horas un grito político más a su activismo diario por los derechos de las mujeres, sino que también se permitió darle un giro autobiográfico sobre su relación con su ex pareja y quien interpreta a Heloise, Adele Haenel.
"La relación que tuve con Céline fue contrario a todo lo que me había pasado anteriormente. Ella me escuchaba, se preocupaba sobre lo que le contaba, prestaba atención a mi rabia y, juntas, con libertad de movimiento, nos enfrentamos a la vida y nos levantamos”, explicó la actriz y parecía un diálogo que podría haber dicho en la película. En estas pocas palabras se puede resumir la historia, un romance fugaz del cuál ambas partes aprendieron y lograron encontrarse y liberarse a ellas mismas.