Aunque en ningún momento se juzgan sus decisiones, la concentración del espectador está puesta en descifrar su mirada que por momentos se ilumina de alegría y maravillación por el mundo, y por otros es triste, sin rumbo y hasta arrepentida. No hay duda que lo más interesante de la película es descubrir un estilo de vida que el grueso de la población mundial occidental no conoce. Tampoco hay duda de que estamos hablando de una de las mejores interpretaciones de Frances McDorman ya que en ella solemos ver personajes que van al frente, que no suelen sonreír. Pero en el caso de Fern, la actriz logra transmitir paz a través de sonrisas tímidas o grandes carcajadas. A pesar de las preocupaciones, las dudas y la euforía que una vida como la de Fern puede causar.
“Una casa no es un hogar”: este es el concepto alrededor de la trama, y lo más placentero del mismo es que el hecho de no tener un techo es solo una circunstancia. Para Fern el hogar está en su camioneta, por eso sufre cada vez que le recomiendan venderla. El hogar está en cada tornillo puesto y en cada sopa Campbell abierta. El hogar está en cada momento de atardecer detrás del volante y en cada sesión de relajación con amigos y una mascarilla de pepino. Para la protagonista, el hogar se encuentra en cada intercambio de historias de duelo, soledad y tristeza con sus compañeros nómades.
La figura de Fern, diseñada por Zhao, llegó a la pantalla grande para dar visibilidad a un estilo de vida que es tan diferente al de la mayoría de los norteamericanos que parece de otro planeta. Casi poniéndose en un lugar de periodista. Aunque también llegó para revalorizar las pequeñas cosas, como ver un atardecer en silencio o ver volar a una bandada de pájaros.
Nomadland llega a los cines argentinos el próximo 15 de abril y si bien es inevitable ver esta película sin querer levantar campamento y vivir viajando a merced de la naturaleza, es un film que llega como un mimo a los corazones preocupados.