El silencio de Folha, de Sao Paulo, O Estado y O Globo, medios independientes del Poder Ejecutivo y muy enfrentado con Bolsonaro, ignoraron la idea del golpe blando. De hecho, Folha volvió a insistir con una encuesta nacional realizada por el propio medio, cuyo título terminó siendo un apoyo a la normalidad institucional: "El 59% está en contra de la renuncia de Bolsonaro".
En este momento, la recomendación de los principales analistas del país vecino es que Bolsonaro convoque a la oposición de centro para bajar la tensión.
Es importante, a su vez, que los gobernadores recompongan la relación y el diálogo con el gobierno nacional.
También, reiniciar relaciones con el Poder Judicial, que está desactivando decretos que iban contra las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y desautorizan la figura presidencial. Las medidas de la Corte Suprema fueron acertadas pero de manera unilateral y eso no hace más que aumentar la tensión.
Lo que la sociedad pide en este momento no es la renuncia del presidente -tampoco hay consenso para un impeachment- sino que la clase política toda se ponga al frente de la lucha contra el virus de manera coordinada.
Por el bien de Brasil y de la región no es bueno que Bolsonaro sufra un golpe y menos en medio de la pandemia.
Llama la atención la actitud de cierto sector de la Izquierda argentina porque el golpe que hoy puede ocurrir allá, mañana puede suceder acá.
No se puede descartar el golpe de Estado pero si eso ocurre, una vez más la política brasileña no habrá entendido nada de los reclamos que nacen de abajo. Tal vez, debería intervenir un tercero, que puede ser un enviado uruguayo o argentino para interceder en el diálogo y lograr consensos.