Una lástima que el Presidente de la Nación no pudiera elaborar un discurso más interesante con el anuncio porque hubiese podido enlazar el pasado con el presente, y felicitar aquellas ocasiones en que se mantienen iniciativas que resultan, hasta sin quererlo, en políticas de Estado.
Además, al fin de cuentas, en aquel 1994 Alberto Fernández era superintendente de Seguros de la Nación, una responsabilidad que él obtuvo en la Administración Menem, muy superior a la que le concedió la Administración Alfonsín que, sin embargo, él sí rescata con cierta asiduidad.
'Complejo de progre' podría afirmar alguno.
Es cierto que, a veces, hay motivos para avergonzarse. Sucede que nunca faltan los estúpidos a la vuelta de la esquina, que no entienden de qué tratan los debates importantes y están convencidos que el mundo termina en su ombligo. Por ejemplo: